miércoles, 31 de julio de 2013

El Tabaco de Chirica

Chirica es más y mejor conocida por la Batalla que en abril de 1817 libró en ella Manuel Piar, que por la primera siembra de tabaco que se registró en Guayana.
         No sólo fueron en Chirica los primeros cultivos de Tabaco sino que produjo las primeras divisas de contrabando con los holandeses  en tiempos del gobernador Fernando de Berrío, segundo de la generación de los Berríos fundadores de la Provincia de Guayana y el Dorado.
         Muy pocos saben que la capital de la provincia despoblada por el hambre y el asedio de piratas e indios rebeldes, estuvo asentada en la Mesa de Chirica luego de la muerte de don Antonio de Berríos.
         A la muerte de Antonio de Berrío en 1597, Santo Tomé, como dice Pablo Ozaeta,  era solo una sombra, después del fracaso de la gran inmigración traída por Domingo de Vera; una aldea despoblada por el hambre y los ataques de los indios. Los pocos sobrevivientes se defendían con el ganado conseguido por Fernando de Berrío, hijo de Antonio, y unas pequeñas huertas en tierra demasiado ácida.
Había que buscar un sitio más seguro, no sólo defendible sino de tierras buenas para el fomento de la agricultura y la cría. En 1598, el joven Fernando reúne y plantea a los vecinos esta necesidad que fue bien acogida dada la situación precaria en que vivían.  Ya su lugar teniente y varios soldados había explorado las cercanías y encontraron que el sitio ideal era un lugar que los indios nominaban “Chirica” que en su lengua significa “Estrella de la buena suerte”.
Allá fue a tener la esmirriada población. Chirica además parecía adecuada para el cultivo del tabaco que desde la llega de Colón aromaba las cortes europeas. Años después, ese sería el principal producto de exportación de Guayana, que en 1622 enviaba a España 2.000 arrobas de tabaco de buena calidad, aunque no tan apreciado como el de Barinas.
Para entonces ya en el valle de Caracas tanto indios como hispanos se habituaban al mágico humo del tabaco al cual le atribuían propiedades medicinales y efectos narcóticos muy expansivos y relajantes   El gobernador de Caracas, Juan de Pimentel no pasa por alto esta costumbre y explica al Rey en 1579, cómo tanto naturales como hispanos utilizaban la hoja de la planta una vez puestas al secado: “Lo toman los españoles y naturales en humo por la boca  y molido por la nariz. Lo tienen por muy medicinal aunque acá no se sabe aplicar bien.  Muchos naturales curan con este tabaco especialmente humores fríos y heridas…”
A medida que transcurría el tiempo, al Tabaco le fueron encontradas otras propiedades  o aplicaciones como el cocimiento suave de las hojas verdes en lavativas para combatir la paresia intestinal y también en los casos de hernias estranguladas.  Igualmente confeccionaban un preparado  contras las neuralgias y contra el reumatismo.  Asimismo, las hojas frescas en infusión la aconsejaban contra la sarna.
De suerte que la hoja del Tabaco, seca o verde, se prestaba y aprovechaba para atacar muchos males en el campo de la medicina empírica y por otro lado para la relajación o euforia espiritual.  De allí su importancia comercial al lado del cacao que los hispanos pensaban traer desde la Esmeralda donde se daba muy bien y para ello Centurión quería abrir un camino hasta La Carolina.
Los cultivos del Tabaco se dieron muy bien desde Chirica hasta el valle de San Antonio de Upata y logró desde fines del siglo dieciséis un aumento extraordinario hasta el punto de que se limitó durante un tiempo su cultivo para evitar el contrabando.  La exportación ilegal del Tabaco a países distintos a España, principalmente a Holanda, obligó a que la Corona prohibiese cultivo en zonas cercas a las costas.  Posteriormente las autoridades coloniales establecieron el llamado “estanco del tabaco”, embargo o prohibición del curso y venta libre del producto.


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