sábado, 20 de julio de 2013

El Joropo en la Guayana del Siglo XIX

El baile del joropo era en el aspecto musical lo popular en la Guayana del Siglo diecinueve.  Tan popular que resultaba raro el evento que no tuviese el epílogo de un drama o una riña colectiva de marca mayor.  El Gobierno, preservador del orden y la salud públicos se vio, por lo tanto, obligado a decretar su prohibición, no obstante ser la ocasión más favorable a los periódicos  reclutamientos militares.
         Donde jamás se pudo reclutar en noche de joropo fue en la casa que don Raimundo Gotilla tenía en los morichales, pues cuando llegaba la comisión en busca de milicianos, el dueño se ponía el uniforme militar y sacaba su espada. 
         En 1863, el Presidente del Estado, Juan Bautista Dalla Costa Soublette, dispuso que “atendiendo el gobierno provisorio a que uno de sus primeros deberes es prevenir los males que podrían sobrevenir a los habitantes de esta capital y sus ejidos, si se descuidase la salubridad pública, y considerando que en los bailes denominados joropos se cometen excesos que refluyen en contra de la salud pública, ha acordado hoy prohibir absolutamente la continuación de tales bailes de joropos (...) El que faltara a esta disposición deberá ser penado de modo serio y sin ninguna contemplación”. 
         La Revolución Legalista quiso ser más condescendiente con el pueblo y resolvió permitir el baile de joropo, pero reglamentado, vale decir, insertando en el Reglamento de Policía el siguiente artículo que obligaba a los agentes del orden público a  que “no deben permitir que se baile joropo o fandango sin haber obtenido permiso de la autoridad”.
         Nótese que se dice “joropo o fandango”, lo cual refuerza la tesis según la cual el joropo venezolano tiene su antecedente en el fandango, antiguo baile zapateado andaluz que se ejecuta con acompañamiento de guitarra y castañuelas.  El joropo nuestro se ejecutaba con acompañamiento de un instrumento llamado “Cinco” que hacía las veces de guitarra y “maracas”, las veces  de castañuelas.  No existía el cuatro sino el “Cinco”.  Los bolivarenses eran muy aficionados a este instrumento a juzgar por  lo que dice el semanario “Ecos del Orinoco”, en su edición del 24 de diciembre de 1890: “El pueblo laborioso y entusiasta del cinco y el tradicional furruco, el de los cantos de aguinaldo a domicilio, prepárase también para celebrar el nacimiento del Dios-niño”.
         El fandango ha sido utilizado por Gluck en Don Juan, por Mozart en Las bodas de Fígaro y por Granados en Goyescas.  Recuérdese que nuestro famoso joropo Alma Llanera nació precisamente de una Zarzuela  con música del insigne maestro Pedro Elías Gutiérrez  y letra del polifacético escritor y periodista Rafael Bolívar Coronado.  Esta zarzuela que resaltó al joropo de nuestros días tuvo como escenario el Teatro Caracas, el 19 de septiembre de 1914.
         De suerte que podemos considerar el joropo guayanés como muy particular y distinto al de los Llanos, es decir, que no se ejecuta con arpa.  El instrumento musical principal  fue en un principio el Cinco.  Después, en el siglo veinte, el Cinco fue sustituido por el Cuatro en el acompañamiento y se le incorporó además la bandola de ocho cuerdas, no cuerdas de acero como las de ahora, sino cuerdas hechas con tripas de gato.
Por otra parte, el joropo guayanés, el que conocemos actualmente, tiene un modo de bailarse muy particular.  Aquí la mujer al igual que el hombre, también zapatea. Se dice que en el llano es el hombre quien zapatea mientras la mujer balsea o escobillea, sin embargo, en Guayana tanto el hombre como la mujer zapatean, en una eterna competencia, a excepción de la localidad de Valle de la Pascua, la manera como bailan el joropo en el resto del país no se compara con la del estado Bolívar.




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