martes, 23 de julio de 2013

El Sida es una malvácea

Este Sida, al cual me refiero, no es el VIH o síndrome de inmunodeficiencia adquirida, tan terrible como temido en estos días, sino una planta de la familia de las Malváceas que así se llama y que encontró Humboldt en su recorrido por el Orinoco y Río Negro y que además le fue muy útil.  Humboldt y Bompland sufrieron en Angostura una fiebre violenta que el primero logró curarse con una mezcla de miel y extracto de quina del Río Caroní, remedio para entonces muy estimado por los capuchinos de las misiones.  Lo de Bonpland fue más serio porque se le complicó con un ataque de disentería que afortunadamente cedió a la acción de emolientes a base de Sida que es un  arbusto de hojas alternas y frutos en cápsulas como el algodonero y la malva.
Tanto Humboldt como Bonpland estaban inapetentes y se les ocurrió pedir vianda de aves cazadas con curare, pues ya la habían probado en su recorrido y eran realmente apetitosas, conforme a la  creencia de que la mejor caza es la que se da con flecha impregnada de curare.  Sobre todo, si de aves se trata, la carne es más agradable, le atribuyen un sabor especial.  Esto no sólo lo comprobó Gumilla al consumir hígado de mono cazado con curare, sino el mismo Humboldt y también Bonpland.  Es más, estos dos científicos observaron que el curare seco tiene parecido al opio y con un sabor amargo agradable.  Ambos consumían con frecuencia pequeñas cantidades.
         Los viajeros, una vez restablecidos, subieron y bajaron las cuestas de la ciudad y quedaron altamente impresionados de las casas de Angostura, casas altas de mampostería, muy acogedoras y construidas sobre la roca pelada.  Sólo vieron con temor, incluso para la propia salud que termino afectada, las aguas detenidas de la Laguna El Porvenir desde donde se levantaban tenebrosas nubes de mosquitos.
         Ambos científicos, tanto el sabio alemán como el naturalista francés, fueron huéspedes de honor del Gobernador Felipe Inciarte, quien los recibió con pan de trigo y vino madera tras explorar el río Orinoco y Río Negro. 
Después de tantas penalidades navegando en balsas y curiaras a lo largo del Orinoco y Río Negro, Angostura le daba al viajero la sensación feliz de algo distinto. Sin embargo, en ella padeció junto con Bonpland fiebres violentas a las cuales no pudo sobrevivir el indio que le arrebató al mar cuando “El Pizarro” ancló frente a la isla de Coche.
         Humboldt no sabía cómo expresar el sentimiento de alegría que experimentaba al pisar tierra angostureña. Después de 75 días en un recorrido de 2.250 kilómetros por los ríos Apure, Orinoco, Atabapo, Río Negro y Casiquiare, bajo un sol ardiente, en medio de nubes de mosquitos y dentro de frágiles embarcaciones indias, llegar a la Angostura del Orinoco, capital de la Guayana, era como encontrar de nuevo a uno de los tantos sitios civilizados visitados.
Ellos quisieron descansar en Angostura durante algunos días que se prolongaron hasta un mes debido a la intensa fiebre que los enervó, incluyendo al indio guaiquerí Carlos del Pino, quien los acompañó y ayudó plenamente a lo largo de todo su recorrido científico, expuesto al sol, a la lluvia, a las inclemencias de la selva y el tiempo, hasta rendir su vida en Angostura como tributo de un viaje que hace época en la historia de la investigación científica y que fue pródigo en descubrimientos.


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