domingo, 14 de julio de 2013

Piedras del pecado y la imprecación del Obispo

La tempestad de julio del 72 que acabó con el reloj de cuatro esferas de la Catedral asombró también porque no causó daño a su vecina la Capilla de las Siervas, no obstante haber sido construida con las piedras del pecado.  Esto lo decía la gente porque siendo Vicario General de la Diócesis, Monseñor Dámaso Cardozo, solía perdonar los pecados a los feligreses que después de la misa de la mañana cargaran las piedras sobrantes de la ampliación de la Catedral al lugar donde se construía la Capilla.
         El obispo era monseñor Miguel Antonio Mejía, cuyos restos se hallan inhumados en la Catedral al igual que los del Obispo Antonio María Durán, quien ya anciano y luego de un enfrentamiento con el clero fue destituido por Su Santidad Papa Pío X. Cuando le llegó la noticia, era vox populi que inmediatamente después de la misa pontifical en honor  a la Virgen del Carmen, se arrodilló en su reclinatorio y exclamó “Virgen del Carmen, muerte subitánea para el Papa”, quien créase o no, murió días después, el 27 de julio de 1914.
    El gobernador de entonces, general David Gimón, también fue notificado oficialmente por el ministro de Relaciones Interiores del Gobierno de Gómez, Dr. Carlos Zumeta, en los siguientes términos: “Tengo la honra de comunicarle a usted, Excelencia, que la Santa Sede ha quitado toda jurisdicción sobre la Diócesis queda sin gobierno espiritual”.
         La desgracia de Monseñor Durán comenzó cuando protestó la falsificación de su firma por parte de la Arquidiócesis metropolitana en un documento remitido a su Santidad el Papa sobre la necesidad de transferir el Seminario de Guayana a Caracas.
         En esos días era muy común la protesta y hasta una Capilla de Protestante, la primera, fue levantada al final de la calle Libertad por iniciativa de súbditos británicos residentes. Fue entonces cuando Alejandro Sutherland, el hombre  que tenía más de 30 hijos en la ciudad, prorrumpió: “No debe extrañar que en una ciudad que nació bajo el signo de la protesta, se rebele hasta el obispo”.
         La imprecación de Monseñor Durán el 16 de Julio, Día de la Virgen del Carmen, fue asociada inmediatamente por la creencia popular con otros hechos trágicos dominados por la fatalidad desde el 16 de julio de 1818 cuando explotó la fábrica de dinamita, administrada por Lee Welcher, en el sitio La Ceiba”, contornos de Ciudad Bolívar.  Hicieron explosión 35.000 kilos de dinamita con saldo de 5 obreros muertos. Otra explosión el 16 de julio de 1888, se registró en la ciudad cuando celebraba los ritos católicos en honor a Nuestra Señora del Monte Carmelo y estalló  la Fábrica que producía los tacos de dinamita para las compañías explotadoras de las minas de oro de El Callao.  Perecieron doce personas, entre ellas, un técnico suizo de nombre Adolfo Vater. Esos dos grandes hechos marcaron psíquicamente los bolivarenses, quienes temen por un hecho fatal antes, en el propio día o inmediatamente después de las fiestas del Carmen. El hecho más reciente de este día religioso, para nutrir más la superstición, ocurrió en 1966 cuando la niña de ocho años, Loise Pérez, pereció al chocar una curiara contra la lancha que conducía la virgen en su tradicional procesión por el río Orinoco.  La procesión debió suspenderse.
         Desde el siglo diecinueve existe en Ciudad Bolívar una gran devoción por la Virgen del Carmen, fomentada por una gran Cofradía, pero a la par se ha venido cultivando la superstición.  La imagen de la Virgen del Carmen en la Catedral fue donada en 1883 por los Machado Núñez. La donación la materializó el Bachiller. Régulo Machado a nombre de su madre Clementina Núñez de Machado y fue traída expresamente de Europa por el donante.

         

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada