sábado, 1 de junio de 2013

La Jaca desaforada

           
 Cuentan que al Cine Teatro América recién inaugurado con la cinta “Los últimos días de Pompeya”, llegó un comerciante de la ciudad con su elegante Coche Faetón tirado por una hermosa jaca.  Y estando el comerciante disfrutando su película, llegó al mismo sitio un automóvil lanzando sus bocanadas de humo y combustible.  La jaca, ante la vecindad del monstruo moderno se creyó perdida y empezó a temblar de una manera desconcertante hasta que al fin, nerviosa y sin poder resistir más, emprendió desaforada carrera hasta que apareció toda maltrecha más allá de la población indígena de Camurica.

            La fiebre por los automotores prendió fuertemente en Ciudad Bolívar y comenzaron a llegar carros importados de diferentes marcas, incluso “todoterreno” conocidos popularmente como “Peep” por el sonido de su bocina. Bocina de pera utilizaban todos los automóviles hasta que llegó la bocina eléctrica de sonido más agudo y prolongado que disgustaba y crispaba los nervios a las familias de naturaleza serena acostumbradas al silencio bucólico.  De manera que la Inspectoría del Tránsito se vio presionada a prohibir el uso de la bocina eléctrica, como entonces se llamaba, e imponer multas a quienes la usaran.



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