viernes, 21 de junio de 2013

Recibimiento de locura


Jóvito Villalba dijo en alguna oportunidad que el pueblo venezolano tiene una gran capacidad para olvidar.  De otra forma no se explicaría el comportamiento de los bolivarenses frente a un autócrata que cañoneó la ciudad con un tremendo saldo de muertos, heridos, inválidos, daños morales  y considerables pérdidas de bienes materiales.
            El comportamiento, como lo expresó el propio general Cipriano Castro, fue de locura: “A las 9 de la mañana de hoy hemos hecho nuestra entrada a esta histórica ciudad con un entusiasmo inusitado. Creo que no ha faltado nadie a la cita; es verdaderamente indescriptible: una locura de recibimiento que raya en el frenesí…”     
            La prensa bolivarense, a conciencia, fue extremadamente complaciente con el régimen de Cipriano Castro.  Era la única manera de subsistir frente a la autocracia.  De allí que cuando el mandatario decidió pasarse tres días en la ciudad, fue objeto de “una locura de recibiendo rayano en el frenesí”, como bien lo expresó en telegrama a su alter ego Juan Vicente Gómez.
            En ese recibimiento incluía a los medios impresos existentes: “El Boletín Comercial”, “El Centinela”, “Horizontes” que dedicaron sus ediciones a exaltar la figura de Castro y, por supuesto, el diario de la tarde “El Anunciador”, editado por el liberal  Agustín Suegart,  que publicó una edición extraordinaria con los siguientes títulos de alabanzas: “La Restauración Liberal”, por Cleto Navarro, jefe de redacción del diario; “Mi opinión”, por el doctor José María Emazábal, Rector del Colegio Federal;  “Castro Guerrero”, por el médico y poeta J. M. Agosto Méndez; “Castro Político”, por el doctor Antonio María Delgado; “Castro Legislador”, por el doctor Cipriano Fray Barrios y “Castro Progresista”, por el doctor Carlos María Romero.  En la misma edición apareció el discurso de bienvenida de don Hilario Machado.
            Gumersindo Rodríguez, describe desde Ciudad Bolívar, para su periódico “El Constitucional”, el viaje de Castro por el Orinoco a bordo del vapor Apure: “El retrato del General descansa sobre la columna central, entre trofeos, con los colores del arco iris.  Un gabinete privado en cuya puerta de acceso hay un escudo de la nación bordado en raso y elegantes cortinas de punto japonés.  La toilette constituye un gran lavado de mármol rosa y nogal con exquisito servicio de aguas y esencias de Guerlain, Pinaud y Atkinson.  Frente al tocador un espejo estilo Renacimiento y en caja de piel de Rusia y Almohadilla en seda de colores, los juegos de peines y cepillos incrustados de plata de marfil.  Sobre la mesa del mismo estilo, un elegante paño de terciopelo carmesí.  Diván de descanso, corte Luis XV.  La cama amplia, rodeada de ventiladores eléctricos y cubierta por artística sobrecama de raso azul y encajes blancos”.
            El Presidente de la República, general Cipriano Castro, quiso durante su segundo día de visita en Ciudad Bolívar, pasear por la calle La Alameda antes de presenciar una tarde de toros coleados en su honor.  Posteriormente asistió  a la retreta de la Plaza Bolívar y luego cerró el día con un baile de gala  ofrecido en la Casa de Gobierno. 
Castro inició la fiesta bailando el vals Pamona con la señora del doctor Eliseo Pérez Vivas,  que ejecutó la Banda Castro dirigida por el general Ramón Maldonado.  Las otras piezas interpretadas por la Banda del Estado a cargo de Manuel Jara Colmenares, fueron Contradanza Ciudad Bolívar, Vals Blene, Cuadrilla Les ombres chismoises, Vals Sourires d´Avril y Ploka Minuit,  Danceros, vals Laura, danza La Violeta, vals Siempre invicto, cuadrilla Fleurs y el  vals Echantee, con el cual terminó la fiesta a las cuatro de la madrugada. 


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