miércoles, 12 de junio de 2013

El astro errante y pavoroso

La Ciudad Bolívar de 1910, impresionada por los libros de Camilo Flanmarión, las crónicas de Ambrosio Paré y las del ruso Serge Borodonowsky, vivió atemorizada al asomarse la presencia del Halley, astro errante que nos visita cada 76 años. Estos señores decían que a medida que se acercara a la atmósfera terrestre provocaría grandes catástrofes telúricas. Particularmente, Flanmarión especulaba que la humanidad podría morir de alegría por la influencia magnética de la electricidad de que está cargada la cauda del cometa.
            El astro errante se anunciaba para abril y ya a finales de enero el Bachiller Ernesto Sifontes, aficionado a la astronomía, tenía instalado su telescopio en la azotea morisca del Colegio Nacional (Casa del Congreso de Angostura), donde también dictaba clases.  Esta afición la había heredado del padre del poeta Héctor Guillermo Villalobos, director del Colegio Federal.
            La aparición del Cometa Halley se viene registrando desde 240 años antes de Cristo.  Luego apareció en el año 163, en el 87 y en el año 11 cuando lo vieron como la estrella de Belén que orientó a los Reyes Magos.  Después de Jesucristo, apareció 25 veces.  Seguidamente, en 1835, 1910 y más recientemente en 1985.
            Es el único cometa excomulgado y lo fue en el año 1456 por anatema de Calixto III, Papa que hizo tocar el Angelus del mediodía, para contrarrestar la victoria de los sarracenos contra los cristianos.
            El bachiller Ernesto Sifontes comenzó a observarlo desde la madrugada del 16 de abril, a las 4 horas  de la mañana, hasta las 6 cuando desaparecía a causa del resplandor del Sol.  Se presentaba brillando en su núcleo como una estrella de tercera, siempre con su cola opuesta al astro rey.   Durante sus observaciones el Bachiller Ernesto Sifontes utilizaba un cronómetro inglés marca “Luis Casartelli” fabricado en Liverpool para precisar la hora, sin error de segundo, en que la cola de este singular astro descubierto por Halley en 1682, arrasaría la Tierra, pero nada ocurrió, los habitantes del planeta aspiraron otro aire y nuevamente los envolvió el manto de la tranquilidad.
            La cola se acercó a la Tierra y nada catastrófico  pasó en  Venezuela ni en el mundo. Tampoco aquí en Ciudad Bolívar, a  menos que se le quieran atribuir sucesos relativamente menores como el desquiciamiento mental de un negro inglés y el incendio registrado esos días en un vapor surto en el Orinoco.  El pobre negro de nombre William que trabajaba en la caleta, improvisó un larga-vista de cartón y desde entonces hasta que murió hurgaba el cielo a toda hora tratando de localizar a “Mister Halley”, como lo llamaba el poeta Diego Alberto Blanco, tertuliano de Vargas Vila, Manuel Barazarte y Andrés Mata.
            El poeta Diego Alberto Blanco, padre del doctor Adán Blanco Ledesma, quien fue cronista oficial de Ciudad Bolívar, escribió este soneto titulado “Míster Halley”, dedicado al doctor Cabrera Malo, quien fue ministro del Gobierno de Cipriano Castro y se hospedaba entonces, ya desprendido del gobierno, en el Hotel Guevara:       “Tenemos la amenaza del Cometa / El astro pavoroso y vagabundo / que dada la opinión de un gran profeta / tal monstruo acabará con este mundo / Cuando Halley, veloz como saeta / y en viaje celestial sport jocundo / tropiece con la costra del planeta / ¡A morir chicharrados y sitibundos!  / Pero nada temáis que nuestras beatas / se saben las horribles profecías / A sus santos consagran letanías / y los héroes soltando sus bravatas / esperan el jorungo entre cañazas / para darle tan sólo mil planazos”.
 La revista quincenal de Edmundo van der Biest, reseñó: “Halley, toda una decepción.  Pasó sin pena ni gloria.  La flamígera cola que se pensó arrasaría todo, se torció y resultó más corta y vaporosa que lo presumido.  Entonces, los vaticinadores y astrólogos comenzaron a perdonarnos la vida”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario