domingo, 30 de junio de 2013

A Castro se le voltearon los amigos

El General Celestino Peraza, el autor de “Los Piratas de la sabana” y “Leyendas del Caroní”, guariqueño, durante muchos años internado en las minas auríferas del Yuruari donde tenía concesiones y tiempo bien administrado para sus ejercicios intelectuales, fue amigo de Cipriano Castro y como tanto otros, incluyendo a su compadre Juan Vicente Gómez, se le volteó y se le alzó con las armas en las manos y disidente al fin, armado y activo, tuvo que ser perseguido a sangre y fuego hasta ser capturado y conducido a prisión.
Efectivamente, nos cuentan que en un  rancho de paja de Felipe Bayola, fue capturado en mayo de 1901 luego de alzarse con ochenta hombres armados contra el Gobierno de su otrora amigo Cipriano Castro.  Días antes, dos de sus hombres de confianza, los generales Rómulo Mannuit  e Ismael Ovalles, también habían corrido la misma suerte.  Los tres fueron internados en la Cárcel colonial de Ciudad Bolívar y enviado luego al Castillo de Puerto Cabello.
            Celestino Peraza, militar, escritor y político, nativo de Chaguaramas (1850), estuvo vinculado a Guayana, asentado en la región del Yuruary, cuando ésta era territorio federal.  Ostentaba una concesión aurífera extensa que llegaba hasta el Cuyuní la que no llegó a explotar.
            No estuvo de acuerdo con la Revolución Legalista de Joaquín Crespo que tuvo como aliados exitosos en Guayana al Mocho Hernández y Domingo Sifontes.  Para hacerse sentir y difundir sus ideas opositoras, adquirió una Washington Press semejante a la prensa del Correo del Orinoco.  La adquirió con un crédito que le concedió la casa mercantil de Canignnaci y Liccioni, donde editó “Horizontes”, revista divulgadora de sus relatos, denuncias de los problemas sociales, políticos, mineros de El Callao, y en la que planteaba reiteradamente la necesidad de reintegrar el territorio yuruanrense a la jurisdicción político territorial del Estado.
            Cuando el asalto al Correo del Oro, encabezó la comisión que realizó las pesquisas y capturó a los delincuentes, entre ellos, a un hacendado de Guasipati, autor intelectual y material del hecho.  Este episodio escandaloso en la vida bucólica y minera de El Callao, lo llevó a escribir su novela “Los Piratas de la sabana”, así como otras vivencias de la selva: “El Muerto de la Carata” y “Leyendas del Caroni”,ambientada en cada uno de los pueblos misioneros, como El Palmar, cuyo patrono San Miguel, talla de madera desde tiempos de la colonia, presentaba el defecto de una barriga muy pronunciada que al final resultó ser el botín de un buen caudal de morocotas del que los feligreses se apropiaron creyendo que se trataba de un milagro cuando el santo patrón  cayó al suelo desde un mesón estremecido por un tumulto en pánico a causa de una invasión de avispas “mata caballos” guarecidas e inadvertidas en una carabela hallada circunstancialmente por un labriego y llevada al cura para que dispusiera su entierro.
             Además de su paso por Guayana, Celestino Peraza figura en la historia como  Gobernador de los Estados Guárico y del Táchira (1899) .Secretario General de la Presidencia de Castro y Ministro de Fomento aunque después se rebeló contra él hasta ir a parar al castillo de Puerto Cabello.  Hizo activa vida pública en Falcón y terminó su vida en Villa de Cura, invidente y arruinado, el 30 de noviembre de 1930, a pesar de haber usufructuado una de las concesiones mineras más ricas de El Callao. Había  Compañías Mineras tan bien gerenciadas, que en 1888 llegaron a administrar el Presupuesto del Estado con la anuencia total del Gobernador de turno.



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