domingo, 9 de junio de 2013

El día en que la Electricidad apagó los faroles

El 5 de Julio de 1911, centenario de la Declaración de la Independencia,  los bolivarenses disfrutaron la llegada de la luz eléctrica y oyeron por primera vez las notas del Himno del Estado con letra del médico y poeta José Manuel Agosto Méndez.  Víctor Monedero, propietario del Circo Monedero, aprovechó el recién estrenado servicio de la luz eléctrica para iluminar su Circo y ofrecer, además de las corridas taurinas, mach de boxeo y peleas de caimanes contra toros.
De suerte que ese día del cinco comenzaron a extinguirse las luces mortecinas de los faroles que en noche sin luna alegraban la ciudad. La luz eléctrica vino a suplantarlos con sus brillantes arcos voltaicos y para sellar con broche fatalista, el 18 de agosto de 1914,  Benito Herrada, quien transitaba diariamente con una escalera al hombro encendiendo los faroles empotrados en las esquinas de la casas y en los postes de la ciudad, murió al rompérsele el corazón  cuando encendía el  último “reverbero de kerosene como los guayaneses terminaron apodando a los faroles.
Benito, además de su oficio de farolero, distribuía el hielo de la Cervecería.  Podría decirse que con su muerte, a causa de un colapso, dejaron de alumbrar los faroles, pues ya desde hacía tres años la Ciudad venía desplazándolos para dar paso a los postes de la Electricidad con sus bombillos y arcos voltaicos.
Antes había fallecido Arturo Montes, el latonero que fabricaba los faroles para la ciudad.  Igualmente fabricaba farolas o faroles grandes con varios brazos y sendas luces utilizadas en la plaza y en el puerto.  Fabricaba asimismo por encargos faroles propios de la marinería, entre otros,  Farol de correr, .empleado por los barcos en noche de temporal y Farol de situación. que emplean de noche las embarcaciones de vela o vapor a fin de evitar los abordajes.
También había fallecido el farolero Simón Rivas, de Perro Seco, que desde las cuatro de la tarde hasta avanzada la noche iba de esquina a esquina con su escalera en el hombro prendiendo sus cocuyos.
Simón era como el farolero del quinto planeta de Saint Exupery en “El Principito” que cuando prendía cada farol era como si hiciera nacer una estrella o una flor y cuando lo apagaba era como si durmiera la flor o apagara la estrella.  Cumplía bien su consigna de ¡Buenos moches! ¡Buenos días!  También usaba un pañuelo rojo de cuadros con el que se enjugaba la frente, porque su trabajo era muy agitado debido a que la ciudad iba cada vez más de prisa.  Al fin, Simón como Benito Herrada, murió de pena cuando un día se quedó dormido bajo la sombra espesa de una gran Ceiba y al despertar vio que su escalera ya no servía para nada.
En tiempo de lluvia, de tormentas y apagones, cuando la ciudad queda envuelta en tiniebla y la gente asegura bien las puertas de su casa, alumbrándose con velas y linternas, los niños al asomarse a las ventanas ven entre los árboles, los fantasmas hechos luciérnagas de Simón y de Benito, los faroleros de la antañona ciudad de Angostura.
La Electricidad no sólo apagó para siempre los faroles y farolas, sino que apagó las luciérnagas que por su abundancia le dieron nombre de “Playa de la cocuyera” a la bahía del Mirador de Angostura donde anclaban veleros y curiaras indias.
Asimismo apagó visiones y fantasmas nocturnos, el caballo de tres patas, la Llorona y el espíritu de Juana Millán.  


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