miércoles, 19 de junio de 2013

La mordaza autocrática de Cipriano

           
     
Castro decretó el cierre de El Anunciador a causa de un editorial escrito por el jefe de Redacción, Domingo María Navarro, aparecido en la edición 1.888 del 7 de junio de 1905 y en el cual subrayaba que al perderse el predominio del Partido Conservador en  Venezuela, se había perdido también el respecto a la Constitución y a las leyes y que esta “Inmoralidad tomó proporción considerable con el triunfo del Liberalismo y de la Federación en el País”.
            Este editorial fue protestado públicamente el 9 de junio por 43 liberales residentes en la ciudad, y en la misma edición el redactor publicó este comentario de respuesta:
“Como dato curioso Ciudad Bolívar cuenta con 12.000 habitantes por lo menos. Supongamos que de ellos sólo haya el 10 por ciento de hombres mayores de 21 años. Tendríamos pues 1.200 hombres. Rebajemos de ellos 43 que firmaron la protesta que publicamos, quedan 1.157, y natural es  que supongamos que esos 1.157 están de nuestra parte en la discusión que se ha presentado ya que los señores protestantes han tenido nada menos que cinco días para recoger sus firmas. A ocho firmas por día”.            
            Esto, aunado a un segundo editorial titulado “Peregrina aberración” donde se refuerzan los conceptos anteriores, significó el fin de “El Anunciador”.  Su último número apareció el 12 de junio de 1905.
            Cerrado el diario “El Anunciador” por la voluntad caprichosa y autocrática del Presidente de la República, general Cipriano Castro, los bolivarenses se quedaron sin el vespertino que desde el siglo anterior venía quemando etapas.  Un simple editorial lo condenó a la pena capital.
Después, por la vía influyente de familiares y amigos allegados al mandatario, se logró que el diario reapareciera, pero con otro nombre.  Fue entonces cuando El Anunciador” pasó a ser “El Luchador” con el mismo formato que llevó al comentario de esquina “el mismo negro con diferente cachimbo”que estuvo humeando por más de sesenta años desde el 10 de julio de 1905.
            Continuó siendo editado en los talleres de “La Empresa”, calle Venezuela o 30 Llaves, establecida en 1893, por el propio Agustín Suegart, de origen francés, con prensa de vapor y linotipos que introdujo luego en 1911.
            Era un periódico super-standard, de cuatro páginas, que andaba por todas las embajadas del mundo, circulando a manera de canje y más por suscripciones que a través del consabido pregón.  Por largo tiempo en Ciudad Bolívar y el resto de Guayana no hubo más diario que “El Luchador y sus ediciones guardan la más variada y compleja historia de la Guayana del Siglo XX.
            “El Luchador” de don Agustín Suegart, de Jorge Suegart y hermanos era de perfil conservador, un vespertino que aceptaba toda clase de colaboraciones, excepto las que de algún modo fuesen ofensivas o lesionasen los valores de la religión, los intereses del gobierno de turno, de algún sector o individualidad influyente de la región.  Por eso no estuvo, como otras publicaciones, sometido a las vicisitudes políticas de la época.  Aprendió muy bien la lección de “El Anunciador”.
            Sus titulares nunca fueron abultados, agresivos o sensacionales y carecían del atractivo dinámico de la prensa moderna.  Buena parte de sus espacios eran cubiertos con “refritos” y reproducción de informaciones y artículos de la prensa nacional e internacional. 
            De las embajadas llegaba materia impreso abundante de los respectivos países, especialmente impecables grabados, que servía para cubrir los espacios que no lograban llenar los sucesos locales.


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