viernes, 26 de abril de 2013

Presiento que algo bueno me va a ocurrir


Lo del Diamante de Barrabas, el más grande extraído hasta ahora de los yacimientos aluvionales de Guayana comenzó una fresca mañana de 1942 cuando el pájaro minero lanzaba su agradable trino premonitorio y Barrabás rutinariamente relavaba el material desechado de un barranco de cinco metros de profundidad.  “Caray, tan dura que es la vida del minero” le dio por lamentarse entonces al Indio Soler, uno de sus dos socios.  “De veras que es dura, Indio, pero no es para tanto, mira que hoy tengo una grata corazonada.  Presiento que algo bueno me va a ocurrir” lo alentó Barrabás mientras sobre sus manos cóncavas y callosas giraba y chasqueaba la suruca que ese día 10 de octubre tocaría con su varita el Hada de la Fortuna.




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