viernes, 5 de abril de 2013

Cachimbo, el portero más cotizado


             Todos saben que está muerto, que murió hace unos cuantos años no se sabe cómo y dónde.  Sólo se sintió su ausencia cuando en las porterías de los espectáculos, los mozalbetes tuvieron éxito con sus cuentos y argucias para burlar al taquillero y al portero colándose sin sacar del bolsillo ni siquiera la cédula.
            Para el común, Cachimbo nunca tuvo nombre de pila (Ramón Guillén) y se duda si el remoquete se lo endilgaron por la forma de su figura o si porque los humos de su oficio tan estricto y severamente cumplido se le habían ido a la cabeza.  Si estuviéramos en Perú quizás habría tenido mayor justificación porque Cachimbo le dicen allá a los gendarmes y el Cachimbo angostureño era todo un guardián montado en la puerta.  Lo cierto fue que “Cachimbo” se quedó para institucionalizar la portería como oficio que no admitía más entrada sino aquella que tuviese como contrapartida el valor realmente estipulado para poder disfrutar el espectáculo de cine, circo, teatro, boxeo, béisbol, hipismo o fiesta bailable, pues en todos parecía estar Cachimbo ya que para desolación de los pícaros juveniles, los empresarios del espectáculo se lo disputaban con ofertas remunerativas que hacían de Cachimbo el portero mejor cotizado de Venezuela.  Cachimbo era garantía absoluta de un balance real entre lo que entraba por taquilla y pasaba por la puerta.  No había porque preocuparse si el espectáculo era gratuito o de otra condición, solo entraba quien debía, como le ocurrió a Carvajal cuando llegó al estadio a la lección de gimnasia escolar, que tuvo que quitarse pantalón y camisa en la puerta para que Cachimbo se convenciera de que el short y la camiseta deportivas que llevaba correspondían a la escuela de turno.

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