viernes, 12 de abril de 2013

Los tres Barrabás


             Los tres Barrabás más recientes en la memoria del venezolano seguramente que son el judío que así de verás se llamaba y que según las escrituras sagradas fue preferido por una multitud en lugar de Jesús para que Poncio Pilato le concediera la libertad en la fiesta de Pascua; Rafael Serrano Toro, a quien la cárcel milagrosamente regeneró e hizo miembro de la narrativa después de haber sido delincuente, y Jaime Teófilo Hudson, cuyo único “delito” fue extraer de los aluviones del Icabarú una piedra preciosa de 155 quilates, la más grande hasta ahora dada por Guayana, pero también la de peor suerte pues la Casa Harry Winston de Nueva York la fraccionó para mejor negocio.
            Pero por este hallazgo precioso y muy digno de un minero guayanés, Jaime Teófilo Hudson jamás estuvo preso, lo que no quiere decir que no la haya estado.  Lo estuvo  en Tumeremo por piropear la mujer de un guardia nacional y una poblada, qué coincidencia, pidió también su libertad y es que el negro calloense, no por llevar el nombre de Jaime ni el apodo de Barrabás es querido en la Guayana de las leyendas insondables sino porque realmente él simboliza la imagen y destino minero tradicional, del que nada tiene y llega de súbito a tener mucho y al final se rinde a la pobreza.
            El Barrabás guayanés del hallazgo del diamante que después de fraccionado y tallado fue vendido por más de 5 millones de dólares, murió pobre y sin sueños.  Sólo  vivencias fantasmales como las que poblaron el alma literaria de ese otro Barrabás llamado Rafael Serrano Toro.

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