viernes, 31 de mayo de 2013

Asaltos al Correo del oro


            
Tumba del conductor del Correo del Oro
Cuentan que cuando el hacendado Gaspar Hernández decidió asaltar el Correo del Oro, dijo a sus cómplices "A ese Busch le vamos a desembuchar el oro" y en trote aguijoneando su caballo  sobre un camino de recuas, animó a así su pandilla con este dicho venido al pelo:  "vamos muchachos que el tiempo es oro".  Se trataba del  primer asalto al Correo del Oro ocurrido el 6 de abril de 1878 en Rancho de Tejas, ente Upata y Guasipati.  Los asaltantes encabezados por  Hernández, dieron muerte al conductor del Correo, Frank Busch, pero después de una bien encaminada pesquisa fue recuperado el dinero consistente en 50 mil pesos contenidos en cuatro bolsones con abrazaderas de cobre y una caja con 5 mil pesos en monedas de plata  Los autores del crimen también fueron capturados y liquidados en situaciones distintas.
El segundo asalto se dio 39 años después cuando Tomás Antonio Bello y Feliciano Muñoz transportaban varias barras para las Casas Blohm y Casalta. El asalto lo perpetró individualmente Osmundo Pastor Ortega, quien dio muerte a Bello y a Muñoz con un rifle Winchester, enterró el oro al pie de un árbol y después emprendió la fuga cruzando a nado el río Caura. Fue apresado por una comisión y sentenciado a veinte años de prisión que sufrió en Puerto Cabello. Pero aprovechó la coyuntura de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez para no cumplir la totalidad de la condena. En 1975 falleció en Caracas dejando una libreta de apuntes en manos de un periodista en la que se pinta como un personaje que más que victimario fue víctima de la mala justicia.


           El tercer asalto no se dio porque fue debelado en enero de 1917,  Había sido planeado en su tránsito habitual de El Callao-San Félix-Ciudad Bolívar. Era conducido entonces por José María Rizo hijo, pero la jefatura civil de San Félix picó adelante y capturó a los comprometidos.         El plan preveía incluso someter a las autoridades civiles de San Félix y Barrancas. Pero la policía alertada detuvo a Jesús María Molina, cabecilla de la banda; Luis Vallés, Miguel Cotúa, y Francisco Miquilena cuando se disponían a zarpar desde las bocas de San Rafael de Barrancas.

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jueves, 30 de mayo de 2013

El Ferrocarril de Marcelino


Una de las promesas del General Marcelino Torres García al pueblo bolivarense cuando ascendió a la Gobernación era la construcción de un Ferrocarril que uniera a la ciudad capital con el interior del estado, pero muy especialmente con el centro productor de oro.  En tal sentido estimuló un proyecto de manufactura inglesa, junio de 1920, que estuvo a punto de materializarse luego de haber sido introducido en el Congreso un contrato celebrado entre los Ministerios de Relaciones Interiores, Hacienda y Obras Públicas y el ciudadano Jhon A. Browman para la construcción y explotación de un ferrocarril que partiendo de San Félix pasara por Upata, Guasipati, El Callao y Tumeremo.

            Este corrió con mala suerte y en febrero de 1917 se estudió otra alternativa mediante la firma de un convenio entre el Ejecutivo Federal y el señor Edgar A. Wallis para la construcción de un Ferrocarril entre el Estado Bolívar y Delta Amacuro.

            Wallis, súbdito inglés, en representación de la Venezuela Mining Syndicate Ltd recibió la concesión para construirlo y explotarlo durante 99 años.  Sería tendido desde un punto cualquiera de la margen derecha del Orinoco, aguas abajo del Puerto de San Félix, hasta la región minera de El Callao, con derecho a prolongarlo hasta El Dorado, sobre el Cuyuní.  El punto de partida en el Orinoco se elegiría si fuese posible en un lugar accesible en toda época del año a buques trasatlánticos para carga y pasajeros.

            La edición 8 de la revista “Venezuela of today”, publicada en New York dio cuenta de ese proyecto e informó en febrero de 1919 que los estudios ya concluidos marcaban la línea férrea desde el puerto de Sacupana a la margen de Río Grande, cruzando luego la Sierra Imataca y pasando por El Palmar, El Miamo y El Callao, para terminar en el río Cuyuní, pero igualmente fue un proyecto más, sin resultados efectivos como el de 1873 del general Francisco Monserratte, cuya concesión obtuvo de la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Guayana.  Guayana no conocerá el ferrocarril sino a mediados del siglo veinte cuando se inicia la explotación de los yacimientos de hierro de El Pao y del Cerro Bolívar. 
        Lo cierto es que los bolivarenses, visto el fracaso del General, parodiaba este traba-lengua "R con R, cigarro; R con R, barril, el Ferrocarril de Marcelino se lo tragó el porvenir".





miércoles, 29 de mayo de 2013

El servicio de autos en la Ciudad Bolívar de 1913

            Extraordinario suceso significó para los bolivarenses el servicio de automóviles  inaugurado el domingo 19 de abril de 1913 por lo empresarios Navarro y Carrillo León.  El servicio fue iniciado con un vehículo conducido por Luis González Jordán.
            Asimismo la empresa estableció “paseos dominicales en automóvil”.  Estos comenzaron por el Paseo 5 de Julio y los interesados debían pagar medio bolívar.  Un mes después se extendió hasta el bosque de La Mariquita.
            La Mariquita era uno de los lugares bucólicos de recreación más pintorescos de la ciudad, dominado por una cascada ideal para los bañistas y donde un corso de apellido Pinelli, emparentado con la familia Liccioni tenía una cría de animales.  Estaba realmente en pleno bosque, a tres cuarto de horas a caballo y a una hora y media a pie desde la ciudad.
            Cuando los franceses Jean Chanfanjon y Augusto Marisot estuvieron en Ciudad Bolívar en 1886-87 realizando exploraciones botánicas, pasaron varios días inolvidables en La Mariquita según recogen en sus memorias.  Aquí batieron “pájaros de todos los colores y de todos los tamaños para colecciones, desde un pájaro azul cabeza negra y blanca del tamaño de una gallina de Guinea, hasta colibríes, los más microscópicos pájaros moscas”.
            En el paraje de La Mariquita, en lo alto de una vega, se alimentaron con tórtolas, periquitos, perdices y pequeños hortelanos.  El sudor abundante del verano de abril lo aplacaban con el fruto del manzano de caoba de propiedades astringentes y por la tarde siguiendo un tanto el rito europeo de te y galletitas, tomaban guarapo acompañado de casabe junto con dos peones que le sirvieron de grata compañía.
A medida que más automóviles de batalla y de lujo se fueron incorporando a la vida de la ciudad, la Municipalidad fue tomando medidas reguladoras para evitar los abusos.  ¡Era tanta la fiebre!  Así el 12 de Mayo el Concejo sancionó la siguiente tarifa: Paseo 5 de Julio, Bs. 050; Paseo hacia La Mariquita, Bs. 2.  Por 46 kilogramos de carga dentro del perímetro de la ciudad, Bs. 0,37.  Fuera del perímetro, Bs. 0,50.  Por primera hora de paseo de lujo, Bs. 20 y  16 adicional por cada hora subsiguiente. 


martes, 28 de mayo de 2013

Telegramas en curiaras de uno al otro lado del río


            Ciudad Bolívar no podía comunicarse telegráficamente con el resto de Venezuela sino a través de la estación de la vecina Soledad.   En curiara navegaban los telegramas de uno al otro lado. El Telégrafo había llegado primero a Soledad que a Ciudad Bolívar debido a la barrera de agua del Orinoco, la cual se salvó posteriormente con un cable sub-fluvial y finalmente con tres torres.

       Los citadinos bolivarenses debían enviar su mensaje a la Estación de Soledad cada vez que necesitaban comunicarse con Caracas. Pero el Estado Bolívar como entidad federal tenía un servicio telegráfico interno que terminó de construir en 1885 el Gral. Manuel M. Gallegos, a quien el Gobierno Nacional le había contratado levantar 10 leguas de líneas telegráficas para poner en comunicación a Ciudad Bolívar con el resto del interior del Estado.

       La comunicación telegráfica directa con Caracas y sin el contacto con la Estación de Soledad quedó resuelta  con un cable subfluvial que debido a las crecidas periódicas del Orinoco y a las diversas corrientes encontradas hubo que sustituir en  1920 por Tres Torres: una en Soledad, otra en la Piedra del Medio y la tercera en el Puerto de Blohm. Dichas torres de 30, 20 metros de alto fueron instaladas por los ingenieros H. Gibson, Federico Crispín y el alarife Alejandro Sutherland. Para ese año y desde 1907, la central telegráfica operaba desde la calle Igualdad.

       En 1921 se instaló en Maracay la telegrafía inalámbrica y muy pronto se extendió a otras ciudades de Venezuela, incluyendo a Ciudad Bolívar que incluso la prolongó en febrero de 1940 a Puerto España. Los servicios fueron mejorando y perfeccionándose hasta complementarse en 1943 (5 de abril) con el servicio Radiotelefónico, bendecido en acto especial por el Vicario de la Catedral, Dámaso Cardozo.
            La radiotelegrafía y el discado a larga distancia terminaron con la utilidad de las tres Torres que al fin desaparecieron dejando una especie de nostalgia, especialmente la del Puerto de Blohm, donde cotidianamente se situaba Bernardo con su venta de chicha y se montaba cuando muchacho Eduardo Viamonte (Melgar) para descargar sus torrentes de voz cantando Granada del otrora famoso Agustín Lara.










lunes, 27 de mayo de 2013

El Carapacho de tortuga o de Morrocoy


El Carapacho de morrocoy o de tortuga fueron hasta el siglo pasado las viandas favoritas y tradicionales de Semana Santa Por el Puerto  de Blohm llegaban poco antes de la Semana Mayor, las  embarcaciones  cargadas con tortugas arrau que es la típica del Orinoco.  El Bachiller Ernesto Sifontes siempre las reportaba en su columna “Ogaño y Antaño” y en la del año 1958 decía que estaban entre 7 y 8 bolívares y que las había de todos los tamaños en el mercado.
            En la playa del mercado las encontraba tiradas boca arriba el parroquiano y había incluso quienes las ofrecían sacrificadas.  De este quelonio nada se desaprovechaba.  Además de su carne proteica y exquisita, estaban sus huevos e incluso el carapacho, una vez desecado, lo utilizaban para cargar arena o piedra, o bien, los muchachos para deslizarse por las empinadas cuestas de la ciudad.

            Los huevos de la tortuga dan un aceite comparable al de oliva, utilizado como combustible y en la preparación de alimentos desde los tiempos primitivos hasta la segunda década del  siglo veinte.

           El carapacho, una vez liberado del exquisito condumio, era disecado y utilizado por los muchachos embarcándose en él y deslizándose cuesta abajo por las empinadas calles del casco urbano hasta acuatizar en el Orinoco.







domingo, 26 de mayo de 2013

La tortuga del Orinoco en conserva

El doctor Rimundo Aristeguieta, quien estudió secundaria en el  Colegio Federal de Ciudad Bolívar y derecho en la UCV, tenía una excelente vocación industrial pues había fundado en Caracas, Barranquilla, Puerto Rico y Panamá, la famosa fábrica de sombreros de paja Britania que con mucho orgullo usaban los guayaneses.  Pero quería también montar una industria en su tierra y pensó en la Tortuga del Orinoco.  En 1946 fundó y registró en el Juzgado de Comercio de Caracas, la empresa EDECO, para industrializar la carne de todos los productos de la Tortuga del Orinoco así como toda clase de conserva de animales y vegetales.  Dispuso para ello un capital de 100 mil bolívares para ser elevado a 500 mil después del primer año.  El estudio sobre la industrialización de la carne de tortuga lo había hecho el técnico Carlos Schultz. El proyecto contemplaba beneficiar 40 mil tortugas al año, equivalente a 300 mil kilogramos de carne así como 7.200.000 huevos al promedio de 180 por unidad.  Este proyecto no tuvo éxito.

            La explotación de  la Tortuga del Orinoco era entonces desmedida  y llegó casi a la fase de extinción y si no ha llegado a desaparecer del todo es gracias a un aldabonazo dado a tiempo en la conciencia de las autoridades ambientales y de los recursos naturales renovables que ahora se preocupan y mantienen programas dirigidos a su conservación y multiplicación.
            Entre los años 1952 y 1961 la captura de las tortugas del Orinoco durante el tiempo de desove, arrojó un promedio de 13.000 ejemplares por año. Si en 1962 el MAC no se hubiera decidido a tomar en cuenta las recomendaciones de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central dictando veda por 5 años que luego fue prorrogada indefinidamente, la infortunada Arrau habría corrido la suerte fatal de las tortugas Tostudo de los Galápagos, ahora declarada por la UNESCO como patrimonio natural de la humanidad.

















sábado, 25 de mayo de 2013

La fiebre del petróleo al Sur del Orinoco

Uno de los primeros síntomas de la extinción en proceso de la tortuga arrau fue cuando comenzó a producirse una escasez del aceite utilizado para el alumbrado, pero en compensación vinieron después los grandes hallazgos petrolíferos que llevaron al  Congreso Nacional el 19 de junio de 1920, a sancionar la primera Ley de Minas e Hidrocarburos que disponía la disminución del tamaño de las concesiones y permitía a propietarios particulares tener concesiones en sus tierras.
        Entonces se desató al Sur del Orinoco la fiebre del petróleo y cada hacendado creía tener un potencial pozo en su finca. El propio Presidente del Estado, Vicencio Pérez Soto, obtuvo concesiones en el Bajo Orinoco.  El doctor J. M. García Parra, dueño de la Clínica de su nombre entre las calles El Rosario y Porvenir, director del Hospital Ruiz y quien celebraba sus Bodas de Plata profesionales, obtuvo concesiones para buscar y explotar petróleo que nadie había detectado en su hacienda  “El Amparo”. 
           Asimismo, Antonio Bianchi obtuvo concesión para buscar y explotar petróleo en su fundo “La Estrella”; Pedro Lucas Mérida, en la Yegüera Merideña”; Antonio Valera Villalobos, en sus tierras de San Rafael de Borbón; Emilio Unceín, Marcelino Torres García y su hijo Manuel Torres Rendón, obtuvieron sendas concesiones en sus respectivas fincas del interior de Guayana, pero pasó el tiempo y mientras el Zulia se llenaba de cabrias y la prospección en Anzoátegui avanzaba promisoria, en el Estado Bolívar se alejaba la posibilidad, dado que el petróleo es propio de los suelos orgánicos sedimentados y Guayana es toda una roca granítica de la época precámbrica, vale decir de la primera era de la historia de la Tierra, cuya edad se calcula en 4 o 5 mil millones de años.  Nada que ver, el petróleo estaba más al norte.  De todas maneras el petróleo estaba cerca y no habría escasez de combustible en el futuro. No sólo por la Faja Petrolífera del Orinoco sino por la Presa de Guri que dispone de una potencia instalada de 10 millones de KW, que con el acopio de 139 000 millones de metros cúbicos de agua en el embalse,  puede generar en un año el equivalente a la energía que de 100 millones de barriles de petróleo.












viernes, 24 de mayo de 2013

El crimen de los morrocoyes

Los Generales Vicencio Pérez Soto ( tocuyano) y Marcelino Torres García (bolivarense)


            Dada la sorprendente bulla  del petróleo que parecía estar en todas partes, al General Marcelino Torres García, sustituido por el General Vicencio Pérez Soto, quien trajo del Tocuyo toda su corte, incluyendo al coronel Felipe Rodríguez, futuro padre de la poeta Mimina Rodríguez Lezama,  le dio por comprar hatos y más hatos hasta reunir unos 14.  No pudo llegar al décimo quinto situado en el camino de La Paragua porque su propietario, un señor de apellido Vaca, se resistió, pero amigos le aconsejaron al señor  Vaca que se “perdiera del mapa” porque seguro sería hombre muerto, según la regla perversa de los tiempos del gomezalato.  Pues bien, el Señor Vaca se perdió y se corrió la bola de que lo habían matado y todo el mundo veía mal al General Torres García, incluyendo a su sucesor el General Vicencio Pérez Soto, quien patrocinó en el Teatro Bolívar el montaje de un drama titulado “El Crimen de los morrocoyes”.  Todo el mundo fue a ver la obra y se quedo abismado cuando en el desenlace del drama apareció el Señor Vaca vivito, coleando y resuelto a recuperar su hato.

jueves, 23 de mayo de 2013

La noche de las banderas Negras

       
     El Coronel *Felipe Rodríguez,  jefe de las fuerzas del Yuruari en tiempos de Pérez Soto, había destacado en la zona de El Dorado a su amigo Reyes Carvallo, pero este fue confundido con el Coronel y asesinado en su hamaca cuando dormía, por un grupo de balateros que había jurado venganza contra Felipe Rodríguez por negocios nada claros en la extracción y comercio de la gutapercha.  Rodríguez al conocer la novedad se fue a caballo hasta El Dorado, hizo que todas las familias izaran banderas negras en señal de duelo por el crimen cometido y emprendió la persecución y muerte de los presuntos responsables. Luego se vino para Ciudad Bolívar a presentar cuenta de los hechos a su amigo y compadre Pérez Soto y disfrutó con él una vianda de Sapoara, pues era la temporada.  Por cierto que se corría con dejo de humor una ironía según la cual la Sapoara de ese año tenía un sabor a petróleo.


*El coronel Felipe Rodríguez vino a ser más tarde el padre de la poeta Mimina Rodríguez Lezama y sobre la cual la escritora Milagros Mata Gil escribió la novela "La Casa en llamas"




miércoles, 22 de mayo de 2013

La Sapoara, el pez que no tiene familia en otra parte


            Con sabor a tierra este pez tiene como habitad los rebalses o lagunas marginales del Orinoco y el pueblo en el mes de agosto la disfruta de todas formas,frita, horneada, rellena o en simple sancocho.  Basta con saber que este pez de la fauna orinoquense es único porque de él no se tiene noticias de que exista en otra parte del mundo.  Por lo que se sabe de los biólogos, la especie se encuentra sólo en el Orinoco y no a todo lo largo del gran río sino en el curso comprendido entre Caicara y Parital, 25 kilómetros antes de llegar a Puerto Ordaz.
            De suerte que es puramente bolivarense y se alimenta de microorganismos, no muerde anzuelo, sólo es posible capturarla con la clásica atarraya criolla y según la leyenda, es cebo que utilizan las guayanesas para atrapar forasteros.
            Existen documentos, me confesó en cierta oportunidad, José Ramón Pinto, siendo jefe del Registro Principal, donde aparecen como referencia los “Indios Zapoaros” del Orinoco, por lo que creía que el legendario pez fue connotado con ese nombre de sus pescadores.
            En torno a este miembro de la fauna orinoqueña, hay toda una leyenda y ritos que tienen que ver con la originalidad de su existencia.  Una nota del vespertino El Luchador del 16 de agosto de 1921 informa de los precios de la Sapoara que en esa temporada oscilaban entre Bs. 0,50 y 0,25.  Asimismo, de la antigua tradición de capturar la primera Sapoara el 26 de Julio, Día de Santa Ana, luego de lo cual los vecinos del propio barrio preparaban un gran sancocho “digno de Heliogábalo (emperador romano), con maíz tierno de mazorca a locha”.
            Otro rito se cumplía durante las fiestas de Carnaval cuando enterraban la Sapoara después del último desfile de comparsas, carrozas y serpentinas, con música ejecutada por la Banda del Estado, discursos plañideros y explosión reiterada de traquitraquis.

martes, 21 de mayo de 2013

La milagrosa piedra de Santa María



            En definitiva, la Sapoara tan sabrosa en un condumio bien aderezado está llena de mitos.  Dicen que el verdadero secreto reside en la cabeza.  Gallegos registra la leyenda en su novela “Canaima”  al referirse a Upata: “… y como es fama que este es el pueblo de las mujeres bonitas. Pues ya usted verá si será agradable la fiesta. Aquellos montes azules son los de Nuria y este farallón es la famosa Piedra de Santa María, de donde brota un agua que viene a representar lo que la cabeza de sapoara representa en Ciudad Bolívar: cebo para atrapar forasteros. Ya lo llevarán allá las muchachas para bautizarlo con el agua que mana del peñón, a fin de que se case con una Upatense y eche raíces aquí. O cargue con ella para donde prefiera que es lo que a ellas les interesa”.
            Además de la Piedra de Santa María, Upata tiene otros atractivos e incentivos como el babandí, liana a la que se le atribuyen propiedades afrodisíacas de comprobada eficacia. Atrae asimismo la Capilla de Agustín Parasco, ánima a la que se encomienda mucha gente y el Cerro Tomasote, llamado así en recuerdo de un bandido ladrón de caballos y mujeres que tenía su guarida en el cerro de su nombre.

lunes, 20 de mayo de 2013

El regreso de los misioneros y el nombre de Santa Elena.

Casa del fundador Lucas Fernández Peña. y en la puerta dos de sus primeras hijas, entre ellas, Elena. 

Pero hay algo más que hace acogedor el apacible valle upatense. Es el espíritu sano, divertido y sencillo de su gente. Gente buena, amable, y, definitivamente, ese clima aludido por Gallegos y el cual no le fue extraño a Monseñor Diego Alonso Nistal,  primer Vicario Apostólico del Caroní cuando vivió allí tras la restauración de las Misiones en 1924.
Monseñor Diego Alonso Nistal fundó el primer centro misional en Araguaimujo, el cual  puso a cargo del P. Santo de Abelgas llamado “apóstol de los  guaraunos” y  con la ayuda del Ministerio de Relaciones Interiores, desalojó a los misioneros protestantes de la Guayana Inglesa que habían invadido pacíficamente una franja de terreno venezolano de 22.000 kilómetros cuadrados, desde el paralelo 6, a partir de las cabeceras del Aponwao en Lema, siguiendo su curso, y el del Akaruai hasta llegar a la frontera con Brasil hacia el nacimiento de Ikabarú.  También en el cerro Akurimá habían establecido un poblado con escuela y capilla los misioneros adventistas y aquí, precisamente, después de haber sido desalojados por los comisionados de fronteras General Montes de Oca y Lucas Fernández Peña, los misioneros Nicolás de Cármenes y Maximino de Castrillo con el Hermano Fr. Gabino de San Román, fundaron la Misión de Santa Elena de Uairén, nombre de la primera hija de Fernández Peña con una indígena de la etnia Pemón..  Originalmente el nombre era "Misión de San Francisco de Akurimá".











domingo, 19 de mayo de 2013

El Latecoere 28


Al igual que el Vicario del Caroní, llegó por barco a Guayana el poeta Andrés Eloy Blanco en noviembre de 1927 para recitar en el Teatro Bolívar su poema “El Río de las siete estrellas” invitado por el Centro Guayana Lírica. No había otra vía expedita porque los vuelos comerciales aún no se habían inaugurados. Éstos no serán sino a partir del 10 de mayo de 1929, dieciséis años después del vuelo primigenio del neoyorkino Fran Boland, cuando aterrizó el segundo aparato en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, un avión Potez Lorraine de fabricación francesa, pilotado por el Capitán Couret, para lo cual el gobierno de Silverio González construyó un aeródromo que bautizó con el nombre “24 de julio”. Seis mil personas se congregaron en el campo de aviación y tras el aterrizaje la Banda Gómez ejecutó la “Marsellesa”.  Los tripulantes y pasajeros fueron agasajados en el Club de Comercio. Se trataba de una Misión Comercial francesa presidida por Collin Jeannel que cumplía el raid Maracay- Maracaibo – Maracay – Ciudad Bolívar para establecer una ruta comercial. El aparato descoló a las 6:15 de la mañana de Maracay y aterrizó en Ciudad Bolívar a las 11:20 (5 horas y 5 minutos).
            El 15 de octubre de ese mismo año 1929 el monoplano francés Latecoere-26,  en vuelo sport, realizó otro aterrizaje, pero sufrió un accidente y hubo que aguardar que llegaran repuestos de Francia para poder regresar a su base en Maracay. El 14 de enero del año siguiente el mismo avión, pilotado por Gaston Chenu, hizo un cuarto vuelo, entonces sin mayores problemas.
            Sin embargo, no fueron estos cuatro vuelos propiamente el inicio de la aviación comercial en el Sur del Orinoco sino el realizado por el Latecoere-28 al mando de los pilotos Paul Vachet y Gaston Chenu, el 21 de abril de 1930. Con este vuelo quedó oficialmente inaugurado el Servicio aeropostal entre Maracay y Ciudad Bolívar y lo cubrieron como invitados especiales funcionarios del Gobierno y los periodistas: José Nucete Sardi, redactor de El Universal y J. A. Cova, redactor de El Heraldo. Otro invitado distinguido era Pierre Clemenceau, nieto del célebre Tigre de Francia, George Clemenceau.  Estas unidades aéreas que surcaban los cielos Venezolanos y tocaban en el aeródromo de Ciudad Bolívar, pertenecían a la Compagnie Genérale Francaise  que cubría las rutas nacionales e internacionales desde 1929.  El primer guayanés en viajar en el Latecoere-28 fue el comerciante Alejandro Uncein.
           En 1930 cuando se establecieron los vuelos de Aeropostal entre Maracay, Ciudad Bolívar, y el interior del Estado, en los novedosos aviones Late 28, el bachiller Ernesto Sifontes fue de los primeros en volar de un lugar a otro, porque le permitía medir el calor de la atmósfera superior, es decir, precisar el graduante térmico en nuestra atmósfera, especialmente en las zonas boscosas de Guayana.  Después no fue necesario porque se introdujo la Radio-sonda elevada en globos, con los cual era posible estudiar la temperatura, el punto de rocío y la humedad relativa, entre los 500 metros y los 15 kilómetros de altura.





sábado, 18 de mayo de 2013

Gallegos atraído por Guayana


            En un avión Letecoere 28, Rómulo Gallegos llegó a Ciudad Bolívar el 15 de enero de 1931 y durante 25 días se internó en el Yuruary a objeto de ambientarse y acopiar información básica para su novela de la selva “Canaima” que luego escribiría en Nueva York.  Fue recibido por el Presidente del Estado, doctor José Jesús Gabaldón y por el Secretario de Gobierno doctor Toribio Muñoz, quien  lo alojó en el hotel “Bolívar” recién adquirido por Ana Stevenson y lo puso en contacto con don Rafael Lezama para que le sirviera de baquiano por los caminos del Yuruary.
            En un carro Ford de Rafael Lezama, Gallegos conoció Puerto de Tablas, luego de Pasar por Caruachi y visitar Upata.  Su viaje se extendió hasta Guasipati, El Callao y Tumeremo.   Visitó los hatos “La Chaguarama” de Wencelao Casado  y “Guaritoto”, de Augusto Casado, cuya esposa, Edelmira (Mimira) Lezama, explicó a Gallegos la técnica artesanal aplicada en la elaboración del casabe y creyendo que Gallegos era afecto al gobierno de Gómez por el trato que le estaba dispensando el Presidente del Estado, aprovechó la ocasión para expresarse bien del dictador, destacando sus méritos de gobernante.  A lo que  Gallegos respondió  “Mi estimada señora, debo confesarle que yo no le quito  los méritos que usted dice tiene el General Gómez, pero yo no soy gomecista y, más aún, le diré que creo que Dios es andino”.
            -¿Por qué usted dice eso, señor Gallegos? –Porque usted me ha dicho que le pide a Dios que no llueva porque elabora casabe, mañana le pide que llueva porque se secan las matas; en cambio, el andino sólo le pide una cosa a Dios: “Señor, ponme donde haya que yo me ocupo del resto”.
            El 9 de febrero, Rómulo Gallegos regresó a Caracas, por vía de Soledad, en automóvil con una libreta llena de anotaciones básicas para la creación de su novela “Canaima” que comenzó a redactar en Nueva York y concluyó en España.  La publicó Aaluce en 1935 y los primeros ejemplares que ingresaron al país, fueron decomisados. Contenía un párrafo que hirió la sensibilidad de los censores de la dictadura.  Aquel en que Manuel Ladera le dice a Marcos Vargas:
“Ahí tiene la historia de Venezuela: un toro bravo, tapaojeado y nariceado, conducido al matadero por un burrito bellaco.
            Sobre los ejemplares de “Canaima” decomisados por el gobierno gomecista, dice la leyenda, cayó herido de muerte el General Eustoquio Gómez, tras su lance en la gobernación que había ido a tomar a la fuerza para perpetuar el clan familiar.







viernes, 17 de mayo de 2013

El exilio de Vargas Vila en Ciudad Bolívar


                                
            Gallegos, mientras estuvo en Ciudad Bolívar, fue objeto de reuniones festivas en casa de la familia Contasti y allí se enteró de las tertulias en 1887 del político y novelista colombiano José María Vargas Vila y de los poetas Andrés Mata, fundador de El Universal y Armado Barazarte en la casa donde se reunió el Congreso de Angostura, entonces sede del Colegio Federal.
            Admirador de Joaquín Crespo, a quien llamó “el Páez de los modernos tiempos”, José María Vargas Vila, concluyó en Ciudad Bolívar su primera novela “Aura o las violetas” y editó junto con Mata el periódico “Cabos suelos del Orinoco”. Lo mejor de su vida y de su obra transcurrió en Europa, particularmente en Madrid.  Dejó en Guayana fervientes seguidores, entre ellos, muchos masones, que utilizaron uno de sus artículos para refutar las embestidas del médico Luis Felipe  Vargas Pizarro.  De allí el dicho “Para un Vargas Vila, bueno es un Vargas Pizarro.  Según la chispa guayanesa, Vargas Vila se habría quedado aquí si se hubiera comido la cabeza de la sapoara.




jueves, 16 de mayo de 2013

El joropo La Sapoara bailado por Gallegos


En ese tiempo, el profesor José Francisco Miranda (Fitzi), era el director de la Banda del Estado, poco después sustituido por Laudelino Mejía, autor del vals “Conticinio”.  Con la banda en una retreta pública en el mismo Paseo estrenó el vals “Late-28” en alusión a los vuelos de Aeropostal con los aviones franceses Lateoere 28 inaugurados oficialmente, entre Maracay y Ciudad Bolívar, bajo el mando del piloto Paúl Vachet y Gastón Chenú.  Así mismo dio a conocer el joropo “La Sapoara” y Félix Mejías los valses “Feliz regreso” que junto con “Rayo de luz” “Adoración” y “Mi dulce Carmen” grabó con la Brunswick Record Corporativo
.            La letra de este joropo refleja la leyenda que después recogerá Gallegos en “Canaima”:
 “Cómeme recién llegao / soy sapoara del infierno / que atraganta al forastero / y lo caso en tres por cuatro /con muchacha de mi pueblo / Una vez comió un jorungo / cabeza de la sapoara / cabeza de sapoarita / y de grito pidió al cura / que le diera agua bendita / creyendo así liberarse / de las muchachas bonitas”.
            Gallegos bailó este joropo con Ana Luisa Contasti en la amplia sala de la casona de la calle Constitución donde nació Dalla Costa.  Asimismo bailó el vals “Feliz regreso” o “Félix regresó” del violinista y compositor Félix Mejías.  El nombre del vals explicaba dos situaciones toda vez que el autor lo compuso  al retornar de la prisión a donde lo había remitido un Presidente de Estado que se consideró irrespetado.


miércoles, 15 de mayo de 2013

La planta del amor


Gallegos tenía entonces 47 años, pero se veía fuerte y vigoroso; sin embargo, el poeta Ramón del Valle Lavaux, quien le dedicaba poemas a Carmen Amalia Contasti y a la Nena Requesens, le regaló un frasco de Babandí, la planta del amor,  distribuido por la firma caraqueña C. Lecuna Baldó & Cia con la siguiente indicación:
Cura la impotencia sexual en ambos sexos, preparado en los laboratorios de la Venezuela Drug Co con la raíz de su mismo nombre y de acuerdo con la fórmula del Dr. A. Lecuna Bejarano, experimentado con éxito por más de 20 años”.
            El babandí abunda silvestre a lo largo de la costa del  Alto Caroní y del Yuruary, pero hay que ser expertos para distinguirlo de otros bejucos de la vegetación selvática. Su secreto, según los expertos, está en la raíz y su descubrimiento se lo atribuyen a unos negros antillanos de Martinica que se internaron en el Yuruary a comienzos del siglo pasado en busca del dorado, pero también huyendo al volcán de la montaña pelada que entró en erupción en 1902 destruyendo a Saint Pierre, donde, perecieron varios guayaneses, entre ellos familiares y amigos de los Pietrantoni, Retali, Tomassi y Palazzi.


martes, 14 de mayo de 2013

Una estatua para la Paz en la Piedra del Medio


Al menos en Venezuela no había volcán y en cuanto a las guerras de alzados y caudillos, las había liquidado Juan Vicente Gómez con la gran Batalla de Ciudad Bolívar en 1903, inaugurando así un largo período de paz, que el Presidente del Estado Bolívar, Antonio Álamo, pretendía simbolizar con un Monumento en medio del Río Orinoco.  Al efecto, el  19 de diciembre de 1933, Bodas de Plata de la Rehabilitación Nacional, se fue a la Piedra del Medio con una caravana de curiaras, y pronunció un encendido discurso previo al acto de colocación de la primera piedra para levantar allí la Estatua de la Paz. Un discurso que se lo llevó el viento porque el 26 de diciembre de 1935 debió abandonar el cargo a raíz de la muerte del dictador más longevo que ha tenido el país. 
            Se iba triste, pero satisfecho de realizar una obra escasa al gusto popular, entre ellas, haber dado impulso importante a la pelota grande.  Hizo posible que el Club Caracas realizara una exhibición de baseball en el curso de su preparación para los juegos que se escenificarían en Caracas con los “rubios melocotones americanos” como entonces identificaban a los gringos.  Ese juego tuvo lugar en el Hipódromo y fue invitado el Presidente del Estado Monagas, general Juan Fernández, quien vino con su hija Sofía Fernández Alcalá en un moderno  Ford 11-8, promocionado como carro con “equilibrio céntrico” para evitar al pasajero los golpes de caminos.  En esa ocasión la ciudad estuvo de fiesta, baile en el Club de Comercio y terneras populares en Paseo Gáspari, Puente Gómez, San Isidro, Barrio Guzmán Blanco, Plaza La Fortuna, El Mercado, Plaza Farreras, Gran Sabana (así se llamaba la zona del Estadio) y Circo Monedero, donde hubo dos corridas de toros y mucha cerveza “Princesa Bolívar”,  cuyo lema era “Transparente como el ópalo / Pura como el oro de Guayana








lunes, 13 de mayo de 2013

Reacción de Ciudad Bolívar ante la muerte del Dictador



            Ya se corría el rumor de la decadencia, enfermedad y posiblemente muerte de un momento a otro del Presidente Gómez, a quien el doctor Toribio Muñoz le había regalado recientemente un Manatí de pocos meses, cazado con arpón. En la mañana del 31 de agosto exactamente,  también fue pescado un Sábalo de 90 libras, muy propio del mar, que había logrado adaptarse al agua dulce desde que atravesó la barra del Orinoco.  Entonces, el pueblo chusco, le escribía en alguna parte:

“Alosa alosa, Don Toribio, échalo al hombro como el hombre del bacalao y llévaselo a tu general”.

            La prostatitis, la uremia y la diabetes mataron al dictador Juan Vicente Gómez, pero los bolivarenses no reaccionaron sino tres días después cuando el panorama se había despejado con el ascenso al Poder del Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras y la muerte trágica de Eustoquio Gómez, primo del dictador,  en el despacho del Gobernador Félix Galavis, durante un forcejeo ocurrido en el propio palacio de la gobernación.

            La gente salió a la calle cuando el joven José María Escalante, director del semanario “Orinoco”, se montó en uno de los bancos del Paseo Falcón y comenzó a arengar al pueblo para que manifestara contra el gomecismo y a favor de las libertades públicas por casi treinta años usurpadas.

Dada la situación, el Presidente del Estado, Antonio Álamo, se separó del Gobierno y nombró Secretario y encargado de la Presidencia, al general J. M Osorio, quien no toleró las manifestaciones y trató de disolverlas con soldados de la Guarnición que utilizaron vergas de toro contra los manifestantes.  Los bolivarenses no se amilanaron y progresivamente continuaron con  mayor fuerza y calor.  Entonces ya no era el joven Escalante quien pronunciaba ardorosos discursos sino también  Reinaldo Sánchez Gutiérrez y Lucila Palacios, sobrina del doctor Félix Montes, quien se hallaba en el exilio desde hacía 23 años después de haber sido lanzado desde las páginas de “El Pregonero” por Arévalo Cedeño, como candidato a la Presidencia de la República contra la reelección de Juan Vicente Gómez.  Definitivamente el dictador no toleraba contrincante.

            Los bolivarenses se adueñaron de las calles y de los espacios periodísticos en procura de reivindicaciones negadas en el pasado.  Muchas cosas se lograron, entre ellas, un gobernador nativo, el doctor José Benigno Rendón, quien gobernó democráticamente y  fue tolerante al permitir a los manifestantes que sacaran los grillos de la Cárcel para arrojarlos al río, así como la destrucción de tres relieves  al pie del Obelisco representando  el lema “Venezuela, Paz y Trabajo”. Los nombres, de la Banda Gómez sustituido por el nombre del prócer civil Juan Bautista Dalla Costa; del Puente Gómez sobre el río San Rafael, por el de Lange; el de la Escuela Alí Gómez por el  de Miranda; el de la Avenida Gómez por el de Sucre y el del Parque Alí Gómez por  Parque Ricaurte.

            Se multiplicaron las hojas impresas de combate político y hubo un espacio para la primera emisora promovida por el deportista Enrique Torres Valencia, la cual, luego de un período de prueba, salió al aire el primero de abril de 1936 en frecuencia oficial de 6.545 kilociclos.


















domingo, 12 de mayo de 2013

El Mago de la guitarra



            El primer talento vivo presentado por Ecos de Orinoco,  fue el guitarrista Agustín Barrios Mangoré, indio guaraní promocionado como “el mago de la guitarra”, quien despertó la sensibilidad artística de Antonio Lauro por este instrumento: “Me entusiasmó de tal manera, que hice contacto con él y decidí quitarle el polvo a una guitarra que perteneció a mi padre”.  Antonio Lauro llegó a ser el primer compositor venezolano cuya obra guitarrística es conocida, estudiada e interpretada en todo el mundo.

sábado, 11 de mayo de 2013

El orfeón de Lauro y Estevez en la Cárcel


            Antonio Lauro, estuvo muy conectado con dirigentes políticos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y en razón de esa conexión fue perseguido y preso en la Cárcel Modelo de Pro Patria junto con Leopoldo Sucre Figarella y sus hermanos Kiko y Guillermo; Antonio Lauro, Manuel Adrianza, Antonio Estévez, Guillermo García  Ponce, Cesar Octavio Augusto Rojas, entre otros. Cesar, al igual que los otros,  tendría unos 25 años y militaba en el PCV y me contó que nunca imaginó  que estos hombres, con el correr del tiempo destacarían como ministros, embajadores, escritores, compositores y políticos. Qué iba imaginarse él, por ejemplo, que aquel joven huraño y hermético llamado Leopoldo, que pasaba todo el día leyendo, llegaría a ser el hombre fuerte de Guayana. Lo que si entreveía era el porvenir como músicos y compositores de Lauro y Estévez, pues ambos formaron un orfeón  con los presos donde Cesar se descubrió  como barítono igual que Carlos Gardel. El grupo polifónico comenzó por parodiar a “María Moñito”. Después le entraron de lleno a los sonidos de protesta:

“Si Pedro Estrada muriera / todo el mundo se alegrara / por lo menos los espías / los cabellos se arrancaran ///  Con la alpargata / dale al cabrón / vuélvelo polvo / sin compasión/.


viernes, 10 de mayo de 2013

Dámaso Cardozo de la cárcel al Vicariato



          Monseñor Dámaso Cardozo, quien fue nombrado Vicario general de la Diócesis de Guayana en agosto de 1936 y obtenido sin dilación el pase por parte del Ejecutivo Nacional; sin embargo, esto no fue bien visto por un sector social bolivarense, incluyendo al diario “El Luchador” que publicó un editorial expresando sorpresa y protesta por dicho nombramiento toda vez que  Monseñor Cardozo, fundador de la Gaceta Eclesiástica en 1925 y de la revista “La Verdad”, había sido juzgado por los Tribunales de Bolívar y detenido en la Cárcel Pública, de donde salió sin cumplir condena por orden del Ministerio de Relaciones Interiores.
             La detención de Monseñor Cardozo fue a raíz de la demanda que introdujo un distinguido señor de la sociedad bolivarense a quien el sacerdote amonestó duramente y sacó a empujones de la procesión de Corpus Christi el 22 de junio de 1931 por haber permanecido con el sombrero calado.  La costumbre era entonces quitarse el sombrero, bien por acto de fe o por simple respeto a la creencia de la feligresía.

jueves, 9 de mayo de 2013

El primer siniestro aeronáutico en Guayana



           El primer siniestro aeronáutico en Guayana ocurrió con un  aeroplano de Aeropostal Faichild, monomotor de 150 caballos de fuerza, el 23 de abril de 1937.  Cubría la ruta Santa Elena de Uairén - Tumeremo y de las nueve personas a bordo del aparato, perecieron  en el accidente, Mr. Frederick D. Grab, agregado comercial de la Embajada norteamericana en Venezuela y Alfonso Duque, trabajador de las minas de Surukum.  Sobrevivieron, pero gravemente heridos, además de los tripulantes Capitán Jorge Marcano, Teniente Mendoza y el Radiotelegrafista Fuenmayor,  el escritor científico neoyorquino Mr. William Armstrong Perry, el guardia nacional Serveron, la empleada de la mina de Surukún Lina Vallés y el padre capuchino Baltasar de Matallana, único ileso y quien pudo asistir a los heridos hasta ser rescatados días más tarde. 
            Cuando le preguntaron al padre capuchino  Baltasar de Matallana (en la foto) cómo se hallaba.  Respondió:
 “Pues, chico, después que descendí por los escombros del siniestro, me hallaba ante el avión, mudo y estático, como un náufrago en solitaria isla ante las cuadernas del buque destrozado por un ciclón”.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Jimmy Ángel con vida de gato


A menos de seis meses de tener Jimmy Ángel su primer accidente aeronáutico, específicamente el 9 de octubre de 1937 sobre el Auyantepuy, ocurrió otro,  no trágico, pero sí espectacular.  
Sabemos que el explorador Jimmy Ángel se aventuró temerariamente a practicar sobre la alta meseta un aterrizaje que resultó aparatosamente accidentado, pero que sirvió para dar a conocer al mundo la catarata o salto de agua más elevado del planeta.  El Salto Ángel, como se llama desde entonces, ostenta la impresionante altura de 979 metros, seguido por el Tudela, con 948, en Natal, Sudáfrica.  
Jimmy Ángel, sufrió un segundo accidente en la zona del Ventuari.  Esta vez no fue intencional la caída sino forzosa al agotar la gasolina buscando claros para sortear el mal tiempo.  Tanto él como su acompañante el explorador Félix Cardona y cuatro hijos resultaron ilesos.  Entonces los bolivarenses decían “que tenía vida de gato”.


martes, 7 de mayo de 2013

La ira de Jimmy Ángel


Félix Cardona, quien tomó parte en la expedición franco-venezolana que localizó las fuentes del Orinoco, había apreciado la majestad del Salto del Auyantepuy mucho antes que Jimmy Ángel.  Según decía,  cuando realizaba trabajos cartográficos para el Gobierno de Gómez.  En cuanto a su amigo Jimmy Ángel, falleció el 8 de diciembre de 1956, manifestando su deseo de que la Ryan Flamingo permaneciera sobre la Meseta: “La avioneta es mía y nadie debe tocarla, ni puede, pues está en lugar inaccesible”.  Sin embargo, en 1970, su manda testamentaria resultó eludida pues su avioneta fue sacada de la Meseta mediante una operación heli-táctica de la FAV para restaurarla y exhibirla con motivo del Año Jubilar de esa fuerza aérea.  La avioneta, declarada Monumento Público Nacional, fue dejada permanentemente en el Jardín del Terminal del Aeropuerto de Ciudad Bolívar donde sufrió el impacto de un robusto árbol sacado de raíz por  viento huracanado.  Nicomedes Farfán (Nico), quien trabajó con Jimmy en aquellos tiempos, dijo entonces y lo repitió más tarde, cuando un automóvil se desvió de la avenida Táchira y la Flamingo cayó impactada de nuevo: “Es la ira del Ángel”.