martes, 28 de mayo de 2013

Telegramas en curiaras de uno al otro lado del río


            Ciudad Bolívar no podía comunicarse telegráficamente con el resto de Venezuela sino a través de la estación de la vecina Soledad.   En curiara navegaban los telegramas de uno al otro lado. El Telégrafo había llegado primero a Soledad que a Ciudad Bolívar debido a la barrera de agua del Orinoco, la cual se salvó posteriormente con un cable sub-fluvial y finalmente con tres torres.

       Los citadinos bolivarenses debían enviar su mensaje a la Estación de Soledad cada vez que necesitaban comunicarse con Caracas. Pero el Estado Bolívar como entidad federal tenía un servicio telegráfico interno que terminó de construir en 1885 el Gral. Manuel M. Gallegos, a quien el Gobierno Nacional le había contratado levantar 10 leguas de líneas telegráficas para poner en comunicación a Ciudad Bolívar con el resto del interior del Estado.

       La comunicación telegráfica directa con Caracas y sin el contacto con la Estación de Soledad quedó resuelta  con un cable subfluvial que debido a las crecidas periódicas del Orinoco y a las diversas corrientes encontradas hubo que sustituir en  1920 por Tres Torres: una en Soledad, otra en la Piedra del Medio y la tercera en el Puerto de Blohm. Dichas torres de 30, 20 metros de alto fueron instaladas por los ingenieros H. Gibson, Federico Crispín y el alarife Alejandro Sutherland. Para ese año y desde 1907, la central telegráfica operaba desde la calle Igualdad.

       En 1921 se instaló en Maracay la telegrafía inalámbrica y muy pronto se extendió a otras ciudades de Venezuela, incluyendo a Ciudad Bolívar que incluso la prolongó en febrero de 1940 a Puerto España. Los servicios fueron mejorando y perfeccionándose hasta complementarse en 1943 (5 de abril) con el servicio Radiotelefónico, bendecido en acto especial por el Vicario de la Catedral, Dámaso Cardozo.
            La radiotelegrafía y el discado a larga distancia terminaron con la utilidad de las tres Torres que al fin desaparecieron dejando una especie de nostalgia, especialmente la del Puerto de Blohm, donde cotidianamente se situaba Bernardo con su venta de chicha y se montaba cuando muchacho Eduardo Viamonte (Melgar) para descargar sus torrentes de voz cantando Granada del otrora famoso Agustín Lara.










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