sábado, 18 de mayo de 2013

Gallegos atraído por Guayana


            En un avión Letecoere 28, Rómulo Gallegos llegó a Ciudad Bolívar el 15 de enero de 1931 y durante 25 días se internó en el Yuruary a objeto de ambientarse y acopiar información básica para su novela de la selva “Canaima” que luego escribiría en Nueva York.  Fue recibido por el Presidente del Estado, doctor José Jesús Gabaldón y por el Secretario de Gobierno doctor Toribio Muñoz, quien  lo alojó en el hotel “Bolívar” recién adquirido por Ana Stevenson y lo puso en contacto con don Rafael Lezama para que le sirviera de baquiano por los caminos del Yuruary.
            En un carro Ford de Rafael Lezama, Gallegos conoció Puerto de Tablas, luego de Pasar por Caruachi y visitar Upata.  Su viaje se extendió hasta Guasipati, El Callao y Tumeremo.   Visitó los hatos “La Chaguarama” de Wencelao Casado  y “Guaritoto”, de Augusto Casado, cuya esposa, Edelmira (Mimira) Lezama, explicó a Gallegos la técnica artesanal aplicada en la elaboración del casabe y creyendo que Gallegos era afecto al gobierno de Gómez por el trato que le estaba dispensando el Presidente del Estado, aprovechó la ocasión para expresarse bien del dictador, destacando sus méritos de gobernante.  A lo que  Gallegos respondió  “Mi estimada señora, debo confesarle que yo no le quito  los méritos que usted dice tiene el General Gómez, pero yo no soy gomecista y, más aún, le diré que creo que Dios es andino”.
            -¿Por qué usted dice eso, señor Gallegos? –Porque usted me ha dicho que le pide a Dios que no llueva porque elabora casabe, mañana le pide que llueva porque se secan las matas; en cambio, el andino sólo le pide una cosa a Dios: “Señor, ponme donde haya que yo me ocupo del resto”.
            El 9 de febrero, Rómulo Gallegos regresó a Caracas, por vía de Soledad, en automóvil con una libreta llena de anotaciones básicas para la creación de su novela “Canaima” que comenzó a redactar en Nueva York y concluyó en España.  La publicó Aaluce en 1935 y los primeros ejemplares que ingresaron al país, fueron decomisados. Contenía un párrafo que hirió la sensibilidad de los censores de la dictadura.  Aquel en que Manuel Ladera le dice a Marcos Vargas:
“Ahí tiene la historia de Venezuela: un toro bravo, tapaojeado y nariceado, conducido al matadero por un burrito bellaco.
            Sobre los ejemplares de “Canaima” decomisados por el gobierno gomecista, dice la leyenda, cayó herido de muerte el General Eustoquio Gómez, tras su lance en la gobernación que había ido a tomar a la fuerza para perpetuar el clan familiar.







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