lunes, 13 de mayo de 2013

Reacción de Ciudad Bolívar ante la muerte del Dictador



            Ya se corría el rumor de la decadencia, enfermedad y posiblemente muerte de un momento a otro del Presidente Gómez, a quien el doctor Toribio Muñoz le había regalado recientemente un Manatí de pocos meses, cazado con arpón. En la mañana del 31 de agosto exactamente,  también fue pescado un Sábalo de 90 libras, muy propio del mar, que había logrado adaptarse al agua dulce desde que atravesó la barra del Orinoco.  Entonces, el pueblo chusco, le escribía en alguna parte:

“Alosa alosa, Don Toribio, échalo al hombro como el hombre del bacalao y llévaselo a tu general”.

            La prostatitis, la uremia y la diabetes mataron al dictador Juan Vicente Gómez, pero los bolivarenses no reaccionaron sino tres días después cuando el panorama se había despejado con el ascenso al Poder del Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras y la muerte trágica de Eustoquio Gómez, primo del dictador,  en el despacho del Gobernador Félix Galavis, durante un forcejeo ocurrido en el propio palacio de la gobernación.

            La gente salió a la calle cuando el joven José María Escalante, director del semanario “Orinoco”, se montó en uno de los bancos del Paseo Falcón y comenzó a arengar al pueblo para que manifestara contra el gomecismo y a favor de las libertades públicas por casi treinta años usurpadas.

Dada la situación, el Presidente del Estado, Antonio Álamo, se separó del Gobierno y nombró Secretario y encargado de la Presidencia, al general J. M Osorio, quien no toleró las manifestaciones y trató de disolverlas con soldados de la Guarnición que utilizaron vergas de toro contra los manifestantes.  Los bolivarenses no se amilanaron y progresivamente continuaron con  mayor fuerza y calor.  Entonces ya no era el joven Escalante quien pronunciaba ardorosos discursos sino también  Reinaldo Sánchez Gutiérrez y Lucila Palacios, sobrina del doctor Félix Montes, quien se hallaba en el exilio desde hacía 23 años después de haber sido lanzado desde las páginas de “El Pregonero” por Arévalo Cedeño, como candidato a la Presidencia de la República contra la reelección de Juan Vicente Gómez.  Definitivamente el dictador no toleraba contrincante.

            Los bolivarenses se adueñaron de las calles y de los espacios periodísticos en procura de reivindicaciones negadas en el pasado.  Muchas cosas se lograron, entre ellas, un gobernador nativo, el doctor José Benigno Rendón, quien gobernó democráticamente y  fue tolerante al permitir a los manifestantes que sacaran los grillos de la Cárcel para arrojarlos al río, así como la destrucción de tres relieves  al pie del Obelisco representando  el lema “Venezuela, Paz y Trabajo”. Los nombres, de la Banda Gómez sustituido por el nombre del prócer civil Juan Bautista Dalla Costa; del Puente Gómez sobre el río San Rafael, por el de Lange; el de la Escuela Alí Gómez por el  de Miranda; el de la Avenida Gómez por el de Sucre y el del Parque Alí Gómez por  Parque Ricaurte.

            Se multiplicaron las hojas impresas de combate político y hubo un espacio para la primera emisora promovida por el deportista Enrique Torres Valencia, la cual, luego de un período de prueba, salió al aire el primero de abril de 1936 en frecuencia oficial de 6.545 kilociclos.


















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