martes, 12 de marzo de 2013

Un guayanés en la guerra de Corea


Si un hombre tiene el cuello sucio es porque está en conflicto o viene de una guerra.  De cualquier guerra, menos, claro está, de la Segunda Guerra Mundial que acababa de finalizar, pero que dejaba una secuela terrible de escasez y sufrimientos como era el caso de la Península coreana dividida entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica, al comienzo por razones estratégicas para poder ambos países enfrentar a los japoneses y luego, por la guerra fría y desconfianza mutua de las dos grandes potencias, se hizo imposible la unificación, por lo que la Península quedó definitiva e irreconciliablemente escindida en lo que actualmente conocemos como República de Corea del Norte de signo comunista y Corea del Sur de signo democrático, bajo el liderazgo de Synmag Rhee como Presidente de la nueva República,  apoyado irrestrictamente por los EEUU.
La elección democrática de Rhee bajo la supervisión de las Naciones Unidas provocó la reacción de Corea del Norte que en aras de la unificación desató un ataque a gran escala en junio de 1950 que hizo comenzar la guerra en Corea.  En esa guerra participó Venezuela, cuya Junta Militar de gobierno envió 45 soldados en 1951 pertenecientes al Batallón Bolívar, entre ellos, un soldado bolivarense de nombre Juan Antonio Arreaza, a quien todos los días bien temprano vemos caminar el Paseo Orinoco celebrando haber regresado dos años después sin ningún rasguño a pesar de que murieron nueve de ellos en plena batalla.

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