viernes, 1 de marzo de 2013

Los edecanes del Libertador en la Plaza de la ciudad

Y así como la Casa del Congreso de Angostura tuvo en Ana Luisa Contasti su celosa y ejemplar guardiana, también la estatua del libertador en la plaza mayor de Angostura, tuvo sus edecanes.

            Sentados por las noches en los bancos de estilo romano de la Plaza Mayor, se podían ver hasta un poco más del despuntar del 2000 frente a la estatua sobre cuya piel de bronce desliza, verde matizada, la pátina del tiempo.  Aquí  en la capital del Orinoco,  afortunadamente, no hay palomas como en la plaza caraqueña.  Las aves de esta parte del territorio  parecen más respetuosas a la hora de anidar o defecar, pero, en todo caso, tampoco se hubieran atrevido  siendo que en torno a este cuadrilátero histórico,  reposaban vigilantes los ojos de los edecanes.

            Edecanes, sin más uniformes que sus comunes trajes de parroquianos, que buscaban componer el mundo con sus tertulias nocturnales que recordaban  a los poetas integrantes del grupo “Auroguayanos”, sentados, no en bancos romanos de concreto armado como ahora, sino en bancos sencillos de madera, tratando, con el libro de Breton entre sus manos, de combatir la poesía que divulgaba la revista Alondra de la maestra Anita Ramírez.

            No creo que Pedro Anastacio Collins Linche, Cesar Alcalá Mérida, Ignacio Freites, Héctor Roldán, Nahim y Ana Nakkul, Víctor Salazar, Nicolás Palermo y los hermanos Tufic, entre otros, supieran mucho de poesía como la gente del otrora Auroguayanos.  Tal vez, Abraham Salloum Bitar que sabe hablar de la mística del principio de la noche.  Ellos, indudablemente, dominaban el tema político y sobre política fundamentalmente solían discurrir sus noches, mejor aún si eran de luna llena y el presidente del grupo, Pedro Anastacio Collins, se  encargaba  temprano de leer la prensa y conversar con los jefes de las fracciones parlamentarias de la Asamblea Legislativa.  Costumbre que le quedó  porque Pedro Anastasio Colins Linche fue durante diez largos años diputado y en 1963  Presidente de la Cámara y, aún jubilado, seguía ligado a ese poder hasta que la guadaña de las parcas le cortó el hilo de la vida.

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