lunes, 25 de febrero de 2013

La raíz de Ciudad Guayana

Ciudad Guayana tiene su raíz en Puerto Ordaz que comenzó por ser un campamento de la Orinoco Mining y terminó abierto al desarrollo urbano más impresionante de la Venezuela contemporánea.

            El nombre de “Puerto Ordaz” hace honor al lejano Comendador que desentrañó a fuerza de sangre y temeridad los telúricos misterios del gran río. Para entonces se barajaron y echaron a la consideración nombres como Nueva Erin, Nuevo Dorado, Manoa, pero prevaleció el nombre del intrépido conquistador por ocurrencia de quien iba a fungir de fundador, porque los pueblos, por tradición colonial siempre tienen un fundador por más colectiva que sea la empresa. De suerte que Luis Felipe Llovera Páez, miembro de la Junta Militar que gobernaba al País e hijo de la tierra bolivarense, le tocó, por partida doble, la autoría del nombre y el protagonismo del acto de colocación de la primera piedra.

            El sitio exacto de la ceremonia era todavía “monte y culebra”, apenas desmalezado  por el machete rozador.  Allí fueron instalados una mesa rústica y un micrófono para amplificar innecesariamente la voz que llenó de augurios a obreros pioneros, aun cuando la fauna peculiar experimentaba la pérdida de su hábitat.

            Denotamos que Monseñor Juan José Bernal Ortiz,  prelado de  la ceremonia que tuvo lugar en la mañana del 9 de febrero de 1952, fue el mismo que impartió la bendición a la primera piedra colocada por Rómulo Betancourt para oficializar la realidad de Ciudad Guayana conformada por San Félix y Puerto Ordaz, a ambos márgenes del Caroní en confluencia con el Orinoco. Lo que inició el pro cónsul de la dictadura la coronaba sin prejuicio el Jefe del gobierno de la democracia.      

            Había que protocolizar con una visita la fundación de Ciudad Piar,  110 kilómetros al suroeste y hacia allá se enrumbó buena parte de las autoridades y demás personalidades invitadas, pero el río Santa Bárbara estaba crecido e impedía bajo tormenta el paso hacia el lugar.  Monseñor Bernal, acompañado del Padre Samuel Pinto Gómez, invocó a la patrona de los artilleros y pronto como por milagro amainó la tempestad.  Algo tarde se realizó el ritual de la bendición y dada la circunstancia, el Obispo de la Diócesis dispuso que la patrona de la nueva ciudad fuese Santa Bárbara, pero con tan mala fortuna que al poco tiempo fue sacada del santoral al igual que San Cristóbal.



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