miércoles, 6 de febrero de 2013

El Misterioso Caroní



. Macagua Uno Dió pábulo a una leyenda elel 21 de abril de 1959 cuando una explosión de 78 toneladas de nitrato de amonio que estremeció el lecho del Bajo Caroní deshizo la ataguía de 360 metros que desviaba las aguas, ante los ojos atónitos de 25 mil personas que presenciaban el espectáculo inaugural de la nueva Venezuela: la Venezuela de la energía hidroeléctrica. El río encabritado recobró su cauce antiguo, pero con un nuevo obstáculo ciclópeo y permanente –la presa- por el cual podía continuar discurriendo aunque a través de compuertas y turbinas.  Se hacía de este modo realidad el mito de los arecunas insertado en la novela de José Bertí  “Espejismo de la selva” El mito habla de la idea de levantar un muro de piedra  en el cauce, no para aprovechar el potencial hidroeléctrico del Caroni, sino para evitar que hasta sus poblados llegara una misteriosa canoa que solía descender con un gigante colibrí coronado de luz y cuya mirada como un rayo fulminaba a cuanto ser humano se la atravesara a su paso. Tal el Tucuy Endaquemá.

            Otra leyenda semejante habla de una nave de música y canto que atraviesa el Caroní el Viernes Santo.  El trovador Alejandro Vargas la recoge en esta estrofa de una de sus composiciones musicales titulada “El Misterioso Caroní”:

Hay un gran misterio / en el  Caroni / Nadie se imagina / lo que pasa allí / que han visto una nave / en un Viernes Santo / que atraviesa el río / con música y canto / y dice la gente / y la gente dice / que es en Caroni/.  
         




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