viernes, 22 de febrero de 2013

La Casona solitaria de Puerto Ordaz y la discriminación social



            El nacimiento de Puerto Ordaz fue tormentoso.  Ciudad Bolívar a través del Orinoco y San Félix, a través del Caroní,  constituían el punto de partida y regreso para la cáfila de técnicos y obreros comprometidos en levantar las primeras viviendas en zonas clasificadas con letras según el oficio y rango profesional de los trabajadores.  Así, en el Campo C, se construyeron la de los norteamericanos, entre ellas, la que debía ser residencia oficial del Presidente de la OMC, llamada desde un principio “La Casona”, en la que excepto Mister Mack C. Lake casado con su bella secretaria criolla, no quiso habitar otro sucesor, ni siquiera los vicepresidentes.  La casa más hermosa fue siempre una eterna solitaria.  En torno a ella los obreros dieron rienda suelta a su imaginación especulativa.  Hasta la consideraron una “casa embrujada”, pero en el fondo no había otra razón que la del prejuicio social o racial.  Lo mismo le ocurrió a Pedro Schaefli cuando contrajo matrimonio con una criolla, lo despidieron de la Casa Blohm.
            Pero en Ciudad Bolívar también ocurría lo contrario, un criollo pardo casado con una mujer alemana.  Tal es el caso de Juvenal Herrera casado con Nora Wulff (Reina de la Tercera Feria Agropecuaria del Estado Bolívar), lo que llevó al germano de su padre decir, según la lengua de Camilo Pefetti, yo entender a Juvenal, querer mejor la raza, lo que no entiendo a es a mi hija.
            Manuel Alfredo Rodríguez, tan pardo como Juvenal, también buscó “mejorar la raza” se casó nada menos que con una noble inglesa

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