viernes, 15 de febrero de 2013

El Papa y los hombres del hierro



 El Papa Juan Pablo II durante su visita a la Siderúrgica del Orinoco
      En la Sección de Comunicaciones, Deporte y Desarrollo Personal de la Planta Siderúrgica cuando ésta no era privada, un gato realengo encontró su acomodo y el personal, en vez de erradicarlo del  área, lo tomó de mascota prodigándole toda clase de cuidos.  Cada sidorista que regresaba del Comedor de la Planta se sentía como obligado a compartir algún manjar de su almuerzo con el tímido felino.
            Y si tanto dio que hablar la conmovedora conducta de estos sidoristas que solían compartir su alimento con un félido morrongo, también ocurrió lo mismo cuando la más elevada dignidad de la Iglesia Católica (29 de enero de 1985) compartió su almuerzo y su palabra con el obrero Virgilio Pérez Hernández. 
            En aquella memorable ocasión del Papa Juan Pablo II de visita en Sidor, a Virgilio se le disipó el estado de nervios en que lo había sumido la notificación temprana de que debía estar al lado del Sumo Pontífice durante un almuerzo con los trabajadores.  Nunca se imaginó que el Papa fuera tan sencillo como ellos y trasmitiera esa confianza que lo llevó a colocarle en su cabeza el casco de subvenir que el presidente César Mendoza había puesto en sus manos:   "Perdone, Su Santidad, pero le queda mejor así".  Entonces el Sumo sacerdote le respondió sonriente: "Ahora si soy sidorista!".
            El ser presa de los nervios en  circunstancias como ésta, no le ocurre sólo al habitante común, sino también a la gente recia y veterana de Sidor, pero luego esa gente se recupera si tiene capacidad para entender que todos somos de carne y hueso.

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