sábado, 5 de enero de 2013

El Decreto de la Arepa




La arepa nuestra de cada día

            En el curso de la gestión del Gobernador Edgar Vallée Vallée, la producción de maíz en el Estado superó por primera vez los 100 millones de kilogramos.  Hasta la V División de Selva, al mando del General Víctor Higuera Castellanos, produjo 54 toneladas de maíz en su grande extensión de tierra ociosa.  Pero la buena cosecha de maíz, particularmente  la de San Francisco de La Paragua y Guarataro, confrontaban problemas de recepción.  Para contribuir a buscarle salida, el Gobernador debió emitir un decreto obligando a los restaurantes a incluir la tradicional arepa criolla en el menú, muy a pesar del disgusto de los importadores de harina como Francisco Abolio, disgusto en vano porque el pan lo consume el criollo para variar porque su alimento base ha sido la arepa desde los tiempos de los mayas quiché, vale decir, muchos antes de la llegada de Cristóbal Colón, quien llevó los nuevos granos y de ellos nacieron las primeras plantas sembradas en Europa.   De suerte que aquí, para el Misterioso Almirante no sólo se hallaba el Paraíso, el Árbol de la vida, sino también el maíz que gracias a él se conoce en el Viejo Continente y que una vez el inolvidable Renny Ottolina, en una de sus cabalgatas  de televisión, degustó con su elenco artístico en lo más alto de la Torre Eiffel, transformado en una estupenda hallaca, símbolo del mestizaje americano. La hallaca, ese plato muy nuestro, al que la cultura del conquistador agregó otros ingredientes como las especies, pasas, aceitunas, alcaparras y el vino, que civilizaron su valor alimenticio, que la refinaron e hicieron digna de una ocasión tan universal como la Natividad y el Año Nuevo.

FIN

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