martes, 30 de abril de 2013

Guayaneses tan regionalistas como los maracuchos


El Rondá podía jugarse a campo traviesa, pero el béisbol requería de un estadio y el Gobernador Ovidio Pérez Ágreda complació a los deportistas decretando su construcción en la flamante Avenida Táchira, pero dispuso que llevara el nombra de “Rafael Urdaneta”, con lo cual no estuvo de acuerdo mucha gente y al final, sobre todo porque eran tiempo de elecciones, accedió modificar el decreto a objeto de que el estadio ostentara el nombre del prócer guayanés, General Tomás de Heres.  Para reforzarlo, la Municipalidad, bajo la presidencia de Adrián Cordoliani, acordó trasladar el busto de Heres de la plaza del Mercado al extremo norte de la Avenida Táchira, donde se construía el Estadio, frente al Tamarindo donde Bolívar amarraba su cabalgadura.  Los maracuchos supieron tarde el incidente y para reivindicar el nombre de Urdaneta, solicitaron la venia del gobierno regional y le erigieron una plaza y una estatua pedestre que, por cierto, no se la gasta el héroe epónimo de los bolivarenses. 
            El 24 de julio del año siguiente (1942) fue inaugurado en la misma avenida Táchira, el Estadio “Tomás de Heres” con una misa de campaña y entrega de 85 títulos de propiedad de parcelas en la propia avenida a los obreros y trabajadores de la construcción de la obra.  Los obreros estaban más que contentos y celebraron con cerveza  “Princesa Bolívar” y tasajo que entonces se preparaba en distintas formas: Tasajo hervido a la campesina, chasaca frita con huevos, croustades de tasajo, picadillo, budín, albóndigas, charqui con casabe, guiso y estofado a la hortelana.
             Los primeros clubes de béisbol que estrenaron el estadio fueron “Progreso” y “Angostura”.  La inauguración contribuyó a imprimirle un mayor impulso al deporte que sumado a los Cines, al Hipódromo y al Circo Monedero ampliaba el radio de sitios estables de recreación de la ciudad.

lunes, 29 de abril de 2013

Día del Natalicio del Libertador como Día del Trabajador



El 24 de julio, aniversario del natalicio del Libertador y del natalicio de Juan Vicente Gómez, se celebraba en Venezuela como Día del Obrero, según decreto del dictador, quien consideraba a Bolívar como el más insigne de los trabajadores.  La fecha se mantuvo hasta 1945 cuando el Presidente Isaías Medina Angarita, la sustituyó por el Primero de Mayo, adoptada internacionalmente.
            Pero los aduladores del régimen insistieron y dieron en llamar así el 24 de julio, fecha de nacimiento de Simón Bolívar y de Juan Vicente Gómez.,  de manera que el “Nuevo Diario”, dirigido por Laureano Vallenilla Lanz, para congraciarse más, solía publicar en la fecha una foto grande de Gómez y una de Bolívar pequeña.  Como alguien reclamara a Vallenilla Lanz el motivo de la irreverencia, contestó con desembarazo: “Es que Gómez pone grillos y Bolívar no”.
            El 24 de julio de 1942, dentro del programa aniversario, el Circo Monedero  estuvo activo con  matadores como Pepe Gallardo y también unos cuantos novilleros locales: Paco Castillón, Flores, Carreño, Morales, Salicetti y Pedro Montes.  La corrida del Día del Trabajador mereció esta crónica versificada del poeta Gil Plaz.
            “Con el laudable fin de hacer dinero / para fines benéficos fue dada / una despampanante becerrada / el domingo en el Circo Monedero / con oreja de oro de ternero, se dispuso sería recompensada / la faena mejor ejecutada / y aunque diestro no había sobró torero / y aún cuando Paco Castillón y Flores / resultaron valientes mataores / y Carreño y Morales dos Belmontes / y aunque comiese un toro Salicetti / y como si fuese un plato de spaghetti / correspondió la oreja a Pedro Montes”.
            Había otro circo de moda en la ocasión, tal el Blacamán Circus, cuya principal atracción era el propio Blacamán, un fakir que terminó casándose en la ciudad con la guayanesa Teresa Weis.  La explicación del vulgo fue que tras larga jornada de ayuno cayó en la tentación de comerse una cabeza de sapoara que ella le diera.

domingo, 28 de abril de 2013

El merengue de la sapoara

Francisco Carreño, autor del merengue "La Sapoara"

“Llegando a Ciudad Bolívar / me dijo una guayanesa / que si comía la sapoara / no comiera la cabeza / Me la comí, ay, que atrocidad / puse la torta por mi terquedad /  Me lo aconsejó mamita / me lo aconsejó Teresa /  que si comía la sapoara no comiera la cabeza /  Que importa si me he comido / la bicha con to y cabeza / siempre que reciba el beso / de una linda guayanesa”

            Así se expresa el merengue la Sapoara del margariteño  Francisco Carreño, quien llegó por primera vez a Ciudad Bolívar en 1939 en el curso de una gira artística iniciada en Caracas donde residía con su hermano Inocente Carreño y otros familiares alternando el oficio de músico con el de zapatero.  El merengue fue ejecutado por su trío que integraban además Dámaso y Pascual García.  El merengue La Sapoara le dio la vuelta a Venezuela con el Trío Cantaclaro   y La Banda Dalla Costa lo incorporó en su repertorio.


















sábado, 27 de abril de 2013

Los bigotes del Señor Gobernador


El talante del Gobernador Manuel Garrido Mendoza, inspiró simpatía desde el mismo momento de la toma de posesionó de la Gobernación.  Los bolivarenses se sintieron atraídos por aquella figura alta y magra luciendo en la parte superior de los labios unos bigotes largos, abundantes  y poblados.
            Todo el mundo tenía que ver y para diferenciarlo del común de los bigotes empleaban el vocablo italiano mostaccio (mostacho) recordando tal vez al venado de matacán o aquel personaje, Bartell D´Árcy,  de la novela Los Muertos, del escritor y poeta irlandés James Joyce, que cantaba ópera en el Theatre Royal.
            Se me ocurre que este personaje de Joycee ha debido parecerse a nuestro paisano bolivarense  José Sambrano Ruiz, un ex gerente de la CANTV, a quien los citadinos preferían reconocer como “Bigote Eléctrico”, cognomento que creo le habría venido más acertadamente a Mario Moreno Cantinflas.
            Lo cierto de todo esto es que a una de las bombas diamantíferas del Guaniamo los mineros la bautizaron con el nombre “Los Bigotes del Gobernador”.  El diario El Nacional se ocupó del asunto y hasta el doctor Márquez Bustillos fue recordado a propósito, sólo que este funcionario de confianza del General Juan Vicente Gómez tenía los bigotes puntiagudos o vibrisas como un morsa del Pacífico.
            Muchos bolivarenses siguieron la moda del Gobernador, entre ellos, el Presidente de la Asociación de Ejecutivos, doctor Ramón Castro Mata, aclarando cuando un periodista le preguntó que “antes que imitar al Gobernador, yo diría que imito más bien a mi abuelo que los usó antes que él”.
            En esa ocasión, queriéndole salir al paso, la señorita Malvina Rosales, la primera guayanesa en usar pantalones y que trabajó en una oficina pública, dijo que si los mostachos vuelven ella resucitaría el rígido abanico de conchas, pese al ventilador y al aire acondicionado.


El diamante de Barrabás el viento se lo llevó

            El Diamante de Barrabás, una piedra de 154 quilates con 45 puntos  fue comprado por la Casa Harry Windston de Nueva York por medio millón de bolívares.  Barrabás (Jaime Hudson), protagonista principal del fabuloso hallazgo, debió viajar por primera vez en avión desde Tumeremo a Caracas para negociar la piedra  que estuvo antes en Miraflores acariciada por las manos del Presidente Isaías Medina Angarita, quien le puso el nombre de “Diamante Libertador”.  Barrabas en poco tiempo gastó el producto de su precioso hallazgo y, retirado del oficio, el comerciante César Díaz Valor le monto un bar llamado La Orchila, donde los mineros cuando se embriagaban terminaban cantando “El diamante de barrabás el viento se lo llevó”.

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viernes, 26 de abril de 2013

Presiento que algo bueno me va a ocurrir


Lo del Diamante de Barrabas, el más grande extraído hasta ahora de los yacimientos aluvionales de Guayana comenzó una fresca mañana de 1942 cuando el pájaro minero lanzaba su agradable trino premonitorio y Barrabás rutinariamente relavaba el material desechado de un barranco de cinco metros de profundidad.  “Caray, tan dura que es la vida del minero” le dio por lamentarse entonces al Indio Soler, uno de sus dos socios.  “De veras que es dura, Indio, pero no es para tanto, mira que hoy tengo una grata corazonada.  Presiento que algo bueno me va a ocurrir” lo alentó Barrabás mientras sobre sus manos cóncavas y callosas giraba y chasqueaba la suruca que ese día 10 de octubre tocaría con su varita el Hada de la Fortuna.




jueves, 25 de abril de 2013

Guayanesa la primera aviadora venezolana


          
  No sólo el Diamante más grande y puro dio por ese tiempo la tierra de Guayana, sino también la primera mujer aviadora que dicho sea, nos trajo la novedosa noticia.  María Asunción Calcaño (Mary Calcaño) nacida en Ciudad Bolívar, sintió la emoción del hallazgo en los Estados Unidos donde se hallaba estudiando aviación pues  el diamante de 54 quilates había sido adquirido y fraccionado en cuatro partes para ser tallado por la Casa Harry Wiston de Nueva York.  Ella, luego de graduada, debutó pilotando su propia avioneta en su primer viaje largo, desde Maracay a Ciudad Bolívar, acompañada del Capitán Antonio Reyes y en el aeropuerto de La Llanera fue recibida y tributada por una multitud de paisanos que la liberaron del gran susto que pasó al tener que vencer en pleno vuelo un viento huracanado que estremeció la avioneta y casi le rompe el corazón.
Esa vez, cuando  Mary Calcaño aterrizó feliz en su tierra, exclamó emocionada que era como un gran salto de la chalana al avión, porque a Ciudad Bolívar se llegaba por barco o chalanas que hacían el transporte de pasajeros y vehículos desde Soledad hasta el Puerto de Blohm.  Ahora podía hacerse en avión.  Un gran salto, sin duda, hacia el futuro.

miércoles, 24 de abril de 2013

La múcura del suelo de fue pa ´ el foso


Antonio Levanti, un corso que comenzó trabajando en el comercio de explotación del caucho, el balatá y la sarrapia, incursionó también en la empresa del transporte fluvial fundando la Compañía Anónima de Transporte Fluvial y para competir con la iniciativa de Inaty y Lugo, se trajo a Ciudad Bolívar en 1948, a su paisano francés Alberto Minet, quien tenía experiencia como armador.
            Minet se hallaba en Caracas desde 1947, a donde llegó vía Puerto La Cruz en un barco carguero, trayendo consigo sólo una maleta, una liviana máquina de escribir y 600 dólares. Atrás había dejado el desastre de la Guerra donde sirvió en una subterránea fábrica de aviones de caza.
            Levanti quien operaba en sociedad con Félix Tomassi y Enrique Planchart, ofreció todas las facilidades a Minet y éste improvisó un Varadero en La Trinidad donde fabricó varias de las primeras chalanas de hierro, entre ellas, La Múcura, nombre que respondía al porro colombiano de Toño Fuentes muy de moda para la época y en cuya letra el pueblo encontraba un mensaje que asociaba negativamente con la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez: “La múcura está en el suelo mamá no puedo con ella”, y era porque pesaba mucho, tanto, que se hundió como el régimen de libertades legado por la Revolución de Octubre. Los bolivarense al final lanzaban la punta cada vez que ¨la situación lo ameritaba: "La múcura del suelo se fue pa ´el foso".

martes, 23 de abril de 2013

La Múcura y la culebra de siete cabezas



Cuando una chalana llamada “La Mucura” se hundió cerca de la Piedra del Medio, la gente decía que posiblemente fue la culebra de siete cabezas causante del percance.  La leyenda tomó más cuerpo cuando Alberto Minet trajo un buzo margariteño para ver en el fondo si era posible rescatar la barcaza y no pudo realizar su trabajo porque según él había cerca una culebra gigante no de siete sino de dos cabezas.. El problema es que nadie hasta ahora ha visto la tal culebra de siete cabezas, a menos que exista una confusión con la encontrada realmente por el científico sueco Pedro  Löefling en 1754. Löefling, interesado en aumentar su colección botánica, no descuidó sin embargo la zoológica que le permitió conocer una Danta y sorprendentemente, una culebra de dos cabezas. (amphisbaena) que Gumilla había descrito antes como  tarda en sus movimientos, los cuales podía realizar según el sentido que le diera cualquiera de las dos cabezas.

lunes, 22 de abril de 2013

La novedad del Ferry Boat Angostura




  
            Después de las chalanas de hierro vino el Ferry Boat Angostura, nombre adquirido luego que dejó para siempre el Lago de Maracaibo donde cumplía igual función que la que vino a cumplir entre el Puerto de Soledad y Ciudad Bolívar, en franca competencia con las chalanas de Antonio Levanti y Nasis Rassi.  El hundimiento de “La Múcura” favoreció y aceleró la compra del Ferry pues daba mayor seguridad al pasajero y al vehículo además de su mayor capacidad y vistosidad.  El Ferry Angostura entró en servicio al iniciarse 1953 y la novedad despertó tanto júbilo y curiosidad que los bolivarenses se pasaron todo el año nuevo paseando en el Ferry por mero divertimiento y todo gracias a un señor  Ramón Ochoa Tucker que fundó la Sociedad Anónima “Ferry´s Orinoco” vendiendo acciones de cincuenta bolívares desde un cuchitril del Paseo Meneses.

domingo, 21 de abril de 2013

"Gomecito" el de la SN


          Luis Fernández, recién se estrenaba en su otrora oficio de joyero, cuando un día de los años cincuenta lo visitó en su taller del Puerto de Las Chalanas, al lado del cine Río, el jefe local  de la Seguridad Nacional, a quien llamaban “Gomecito”, interesado en una cadena con la cual aspiraba halagar a don Pedro Estrada, así como un prendedor prometido a Doña Flor y una leontina para El Platinado, todo lo cual debía estar listo al cabo de una semana, cuando viajaría a Caracas como invitado muy especial del Gobierno.
            Fernández, por tratarse de un funcionario de su índole, puso empeño en el encargo.  Habilitó empleados y sacó fiado el oro, que entonces costaba cinco bolívares el gramo, y tal como fue convenido, a la semana, se presentó Gomecito a retirar los dorados objetos, prometiendo pagar tan pronto regresara de la capital.
            Muy difícil era, para un policía o funcionario público de aquel decenio tenebroso de la Seguridad Nacional, ser probo y honrado.  De manera que Fernández hizo tres intentos en vano para que Gomecito cancelara la factura y, al final optó, por darle ese trabajito tan penoso de cobrador a su comadre la señora Maurera, pero, sálvese quien pueda, el jefe de la Seguranal, histriónicamente, montó en cólera y ordenó a cuatro de sus agentes traer a su presencia al joyero de la calle de Las Chalanas.
            “De manera que usted pretende ridecularizarme comisionado a una mujer para cobrarme” – exclamó con acento admonitorio.  Pero Fernández  respondió que de ningún modo había sido simplemente él carecía de tiempo para continuar haciéndolo personalmente.
-         En ese caso entonces – lo interrumpió el Policía – yo sé cuando debo pagarle – y Fernández, bien aconsejado por lo que intuía, decidió dejar las cosas como estaban o, por lo menos, hasta que algún día cayera la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, como realmente ocurrió el 23 de enero de 1958.  Entonces, don Luis se armó de un Collins tres canales y no dejó rincón de la ciudad que no olfateara buscando la piel del arbitrario jefe de la Seguridad.
Finalmente, monseñor  Juan José Bernal Ortiz, Obispo de la Diócesis, lo aplacó diciéndole que los miembros de la Seguranal estaban detenidos en el cuartel militar que él hablaría con el comandante para ver si recuperaba el producto de su trabajo.
Así lo  hizo y Fernández fue citado ante el comandante y en su presencia fue traído Gomecito, quien reconoció la deuda, pero no tenía para cancelarla sino 500 bolívares depositados en la receptoría y 500 más de un Jeep que le había vendido a un oficial del mismo cuartel.
“¿Le sirve eso?”, le preguntó el comandante y Fernández respondió un tanto resignado:  “Qué vamos a hacer, cuando se hunde el barco hay que salvar aunque sea la guerra.”


sábado, 20 de abril de 2013

El famoso "Trapecio" de Ciudad Bolívar


             La ciudad hasta los tiempos de Sánchez Lanz, vale decir, de Pérez Jiménez, contó con un pintoresco y típico mercado prácticamente a la orilla del río, justo en el punto donde Moreno de Mendoza  hizo construir el San Gabriel, fuerte bis a bis con el San Rafael, al lado opuesto, para guardar el paso fluvial contra cualquier aventurero o pirata al estilo Janson o Raleigh.
            En ese mercado que tenía forma pentagonal convergía la ciudad alimentaria, la que iba de compra armada costal y cesto, la que procuraba el fruto fresco recién llegado en falcas y curiaras, tres puños y balcazas, las que iba a saborear los manjares de la mesa criolla y a enterarse de lo humano y lo divino, de lo intrascendente hasta lo descomunal.
            Era un mercado profuso, heterogéneo y bullicioso, pero más aún por los días decembrinos después que la parranda de Pura Vargas soltaba el último y más profano de los aguinaldos.  Entonces, era la romería desde las gradas de la Catedral y la Plaza Bolívar bajando por la Constitución y la Igualdad al encuentro del café con leche, de la empanada caliente, del carato de moriche o la chicha acanelada del negro de las Lamus.
            Al mediodía el mercado no era tan congestionado, pero había un despacho donde la gente azarosa se apiñaba.  Se llamaba “El Trapecio”.  Trapecio el sitio y Trapecio la especialidad:  un soberbio sancocho de pescado de lo más creativo y singular.  Un hervido donde se juntaba toda la sustancia proteica y cerebral de la ictiofauna orinoquense.
            Julio Barazarte que así dicen que se llamaba aquel dicen que se llamaba aquel tramaturgo de la cocina trapecista, compraba cabezas de la ventana de pescado del día, generalmente de morocoto, cachama, sapoara, curbinata y blanco pobre.  Las metía en un saco y luego de toletearlas con una macana india apropiada, las sumergía sin sacarlas del costal en un palanga de agua hirviente.  Allí sujetaba el saco hasta  el adecuado punto de cocción y finalmente utilizaba aquella suerte de consomé para preparar el tradicional sancocho de pescado con mucha verdura, ají y presas.  De esta manera se lograba el colosal trapecio donde la gente sin temores ni red de protección tomaba vuelo.
            El plato rebosado costaba apenas medio real y con derecho a repetir.  Por supuesto, no había cliente que no repitiera, especialmente recién casados, caleteros y toda la marinería fondeada  desde Los Palos de Agua hasta Trinidad y la cual se hacía sentir tumultosa por las noches en la llamada Ciudad Perdida.
            En agosto del 43, el Orinoco volvió por sus fueros en un desbordamiento similar al del 92 cuando dicen los abuelos que tapó por primera vez la Piedra del Medio.
            Ese desbordamiento del 43 acabó con la ciudad perdida y el gobernador Sánchez Lanz, mas tarde reubicó el mercado y desapareció El Trapecio.  No hubo añoranza porque la gente descubrió que el secreto de aquel almuerzo espectacular estaba en la cabeza de la sapoara.  Desde entonces es el popularísimo merengue:  La Sapoara, del músico y compositor margariteño Francisco Carreño:  Llegando a Ciudad Bolívar/me dijo una guayanesa/que si comía sapoara/no comiera la cabeza/Me lo aconsejó mamita/me recordó Teresa/he comido/la bicha con to y cabeza/siempre que reciba el beso/de una linda guayanesa.

viernes, 19 de abril de 2013

Un alemán que vino por sapoara y se quedó por mango



             Bocholt es una ciudad alemana próxima a la frontera con Holanda, donde se habla el alemán antiguo, que viene siendo el idioma holandés actual.  Allí nació, poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Wolfgang Schoroder Lennartz, un profesional de la hotelería, del turismo y del arte culinario vinculado a nuestro continente por ese puente que significa turismo internacional.
            Llegó a Venezuela el 8 de agosto de 1981, contratado por Evca, una empresa norteamericana de consumo, dedicada a la elaboración de comidas para comedores industriales.
            Wolfgang vino dentro de un grupo de diez técnicos de diferentes países, especializado en comidas internacionales, para poner en marcha los comedores de los campamentos de trabajo de la presa Raúl Leoni.
            Veinte días después de haber llegado directamente de Europa a Guri, el grupo organizó y puso a funcionar los comedores.  El 28 de agosto salieron las primeras comidas para 8 mil obreros que laboraban en la construcción de la última etapa de la presa.  El contrato era por seis meses mientras se entrenaba al personal.  Pero Wolfgang, a pesar que se le agotó el tiempo del contrato, lleva en Bolívar más de ocho años.  Se quedó en Guayana, con otros centenares de extranjeros que adoptaron esta tierra como segunda patria porque siempre les fue imposible resistirse a la magia del agua y de la selva.
            Pero, por que no decir también, al encanto de la mujer venezolana.  Porque en el caso de Wolfgang, Conchita, su esposa, excelente profesional de medicina, fundadora de los servicios de terapia intensiva en Guri, es una caraqueña gentil que comprometió su destino con el hombre venido de mundos tan distantes.
            Cuando Wolfgang aceptó la oferta por seis meses como entrenador de cocina en Guri, quiso saber en que parte de Venezuela quedaba ese lugar y, lógicamente, fue a nuestra embajada en Frankfort a solicitar información, pero el personal no supo donde ubicarlo, de manera que Wolfgang Schoroder Lennartz embarcó en Viasa y en menos de dos días estaba en el pórtico de la selva guayanesa, aturdido por el espectáculo imponente de aquel hermoso río batallando contra el muro.
-         No sabía dónde estaba.
-         ¿Qué siente un hombre en esas condiciones?
-         Es algo inquietante y a la vez emocionante.  La aventura está llena de esas cosas.
Además, no era la primera vez que me ocurría, que viajaba y me impactaba lo desconocido.
Antes había estado en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia, Holanda, Singapur, Australia y Nueva Zelanda.
“Un mes después de mi llegada, - dijo - cuando en una tertulia familiar alguien me habló de Angostura.  Desde mi primera escuela sabía de esta ciudad lejana con la cual se vincularon importantes científicos alemanes como Alejandro Humboldt que escribió seis trabajos sobre Guayana; Koch Gunberg, etnólogo, explorador del Roraima; Roberto Schombert, etnólogo y explorador del Amazonas  y de la Gran Sabana y, entre otros, Ernesto Ule, quien estudió la formación vegetal de la Gran Sabana.
Acotamos que el médico Juan Teófilo Benjamín Siegert, inventor del famoso Amargo de Angostura, también era alemán y que esta capital en el siglo pasado importaba por el Orinoco muchas cosas del puerto de Hamburgo, de manera que no es extraño que en Alemania se conozca más a Angostura que en la propia Venezuela.
Lo cierto es que Wolfgang está metido de lleno en Ciudad Bolívar y debidamente instalado con una rotisería y una agencia de fiestas tan productiva que el negocio le ha dado lo suficiente para reinvertir sus ganancias en un complejo agro industrial donde la materia principal será el abundante, amarillo  aromático mango guayanés.


jueves, 18 de abril de 2013

El sustituto infructuoso del Correo del Orinoco


            El “Correo del Orinoco” habría podido permanecer si su vida no hubiese estado limitada desde un comienzo por la provisionalidad de Angostura como sede del Poder Nacional.  Siendo un órgano del Supremo Gobierno debía asentarse en donde quiera que este estuviese y es por lo que al escogerse a Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta como centro de los poderes de Venezuela y Cundinamarca reunidas en una sola nación, queda sellado el destino del “Correo del Orinoco”.  No obstante, tuvo vida hasta marzo de 1822 en que el coronel José Ucroz, gobernador de la provincia, cesó como tal.
            La vida temporal del “Correo del Orinoco” la previó Bolívar cuando a fin de que se multiplicaran los establecimientos tipográficos becó a jóvenes para que aprendieran el arte de la imprenta en los propios talleres del Correo.
            Meses después, mayo de 1820, se diseñó un nuevo periódico:  “Amor a la Patria”, no oficial, del que al parecer solo se publicó un prospecto.  Un aviso en la edición 61 del Correo da cuenta del mismo y se le atribuye a un grupo de amigos “que quieren demostrar que hacen lo que le es posible y han formado el prospecto, de un periódico con el titulo de “Amor a la Patria”, que está ya impreso.  Los que deseen tomarlo y suscribirse ocurrirán a la casa de la Imprenta y se instruirán del plan y demás conducente.”
            “Amor a la Patria” iba a ser el sustituto del “Correo del Orinoco”, pero la depresión económica como intelectual de la Angostura a causa del cambio de sede del supremo gobierno fue tal que el periodismo desvaneció y hubo que aguardar 17 años para que se reanimara con la aparición  de “El Telégrafo”..  De todas maneras, los angostureños para conservar en la memoria colectiva la loable intención de Roderick, le pusieron  "Amor Patrio" a la calle que pasa por la Casa de los Gobernadores.

miércoles, 17 de abril de 2013

El Callao to morrow night


El oro y el color de la piel de su gente no es sólo lo que llama la atención de El Callao, sino también su Calipso de reminiscencias ancestrales, muy diferente al antillano porque es sin steel band y con cantos.  Calipso muy del pueblo, animando comparsas llenas de símbolos y colorido, moviéndose al ritmo de los tambores, bunbac, el rallo y la campanilla.

            Ambaicalá, Body Man Down, al ritmo del calipso van coreando las comparsas de la Negra Isidora, de Kenton y de los Hermanos Clark.
            A la percusión se suman las cuerdas del bajo, de la guitarra y del cuatro más el sonido metálico del cencerro y el chascoso de las maracas.
            En El Callao, la danza y la música tienen sabor propio y es igual en el carnaval, en la Navidad y año nuevo como en los días de su patrona Nuestra Señora del Carmen o como cuando llega un personaje muy importante.  Pero es durante los carnavales cuando El Callao se transforma en señuelo nacional.  Oscar Palacios Herrera, Paco Vera, Régulo Pérez  y Juvenal Herrera son los primeros en llegar.
            Desde todos los ángulos de la Guayana y desde más allá del Orinoco viene gente a bailar el calipso un tanto amerengado.  A el domplín, el calalú, el bananpilé y el yinyabié.
            Entre trago y trago del mabí se canta el ambaicalá de la Negra Isidora por las calles estrechas del poblado que nunca dejan de ser interminables a la hora de “El Callao to morrow night”.

martes, 16 de abril de 2013

El eterno socio del guayanés


             El guayanés en su quehacer de todos los días y para cualquier empresa tiene un socio que casi nunca identifica.  Cuando se le oye hablar de él inmediatamente nos lo imaginamos de carne y hueso  y, por supuesto, con otras determinantes posibles, pero, a la larga, nos damos cuenta que el bendito socio es un ente mágico – religioso o simplemente teologal.  El socio viene siendo Dios al que también llaman “El Viejito” uno de esos espíritus andante que se encarnan transitoriamente en los médium o el mismito Satanás.
            El guayanés, especialmente el guayanés del río, del llano y de la selva, no quiere sentirse solo de lo desconocido e inventa ese “socio”, favorecido por su ambiente socio – cultural, que lo hace sentir seguro.
            La figura del socio la capta Gallegos a su paso por aquí y la sumerge en “Doña Bárbara”.  La devoradora de hombres tiene un socio que es el Nazareno de Achaguas, pero como nunca lo identifica por su nombre, la gente del llano, sobremanera, Pajarote, conjetura que es el diablo.
            Así como en Canaima Gallegos recoge la leyenda de la piedra de Santa María y de la sapoara, también en “Doña Bárbara” cuenta la creencia mágica del “socio” y del “Viejito”: “Dejamos al Viejito”, dicen los palanqueros río adentro, y preocupados regresan por él al punto de partida.  Zarpan de nuevo y preguntan el patrón “¿Con quién vamos?” y responden desde la proa:  “Con Dios... y María Santísima”.

lunes, 15 de abril de 2013

Pedro Monasterio y el oro de Guayana


 

            Entre los descubridores de los yacimientos auríferos del Yuruary figura Pedro Monasterios Soto, bisabuelo de Rafael Monasterios, pintor venezolano a quien la GAN homenajeó cuando cumplió 100 años de su nacimiento al igual que el Museo de Barquisimeto con una exposición selectiva de sus obras.  Pedro Monasterios antes de internarse en la selva del Yuruary, había estado en Angostura como edecán del general José Laurencio Silva y, posiblemente entonces lo picó el prurito de El Dorado, pues tan pronto cesó la campaña libertadora que lo llevó hasta Guayaquil, regresó a Nueva Granada en 1830 donde adquirió conocimientos prácticos de mineralogía.  Luego se vino a su natal Caracas, pasó a Barquisimeto y finalmente se trasladó a Guayana por la vía de San Fernando de Apure.  Como lo haría después Lucas Fernández Peña hasta fundar y quedarse en Santa Elena, Monasterios buscaba oro, pero sin bastimento, en una zona desolada y agresiva, tuvo que regresar a Barquisimeto.  Pero su proeza, porque era una hazaña entonces internarse en la selva, convenció a los guayaneses de la existencia de ricas minas auríferas en el Sur que llevan ya más de 140 años explotándose y cada vez en cantidades superiores.  Una hoja impresa de 1850 testimonia la presencia en Tupuquén de Monasterios, quien murió el 18 de agosto de 1868 en la más completa pobreza.  50 onzas de oro entonces valían poca cosa.  Con el precio de hoy, ayer le habría sido una fortuna.

domingo, 14 de abril de 2013

La “Y” de la Zapoara


             No es que el sustantivo “Zapoara” ortográficamente lleve una “Y”.  Nada de eso, sino que en la estructura esquelética del pez de este nombre, legítimo y único del Orinoco, existen huesecillos parecidos a la Y griega.  Detalle biológico que hace aún más interesante este pez fusiforme de coloración vistosa que abunda y se captura durante la temporada de agosto.
            El fin de tales apéndices intercostales es el de unir costillas con costillas y contribuir a robustecer la armazón esquelética de los peces con movimientos vigorosos como el morocoto y el coporo que también los tienen y son grandes migradores.
            La Zapoara es un pez migrador que se desplaza contra la corriente y en consecuencia debe cumplir movimientos fuertes.  Se ha investigado que una vez adulta, sale de los rebalses y lagunas marginales en el período de aguas altas y recorre unos 400 kilómetros con propósitos reproductivos.  Aquí, de acuerdo con una consulta al biólogo marino Daniel Novoa, estaría la explicación de este hueso parecido a la vigésima séptima letra del abecedario castellano y a la que tanto tememos los devotos de la exquisita vianda orinoqueña.  Y la verdad es que la ye o y griega siempre ha sido de temer, no sólo en el sentido gastronómico sino también suele hacer las veces de vocal y en su pronunciación puede confundir con la “ll”, pero su fin esencial siempre es el mismo, en ciertos peces de agua dulce, para unir costillas con costillas y en el lenguaje castellano para unir las palabras o cláusulas de una oración.


sábado, 13 de abril de 2013

Lobos de río y de mar


             La diminuta isla de Coche, descubierta el 28 de agosto de 1527 por Juan López de Archuleta, y la cual llegó a ser hasta 1907 capital del Territorio Federal Colón que comprendía todas las demás islas del Caribe pertenecientes a Venezuela, con excepción de Margarita, ha dado entre muchos, dos hijos, marinos intrépidos como su fundador, que mencionan con admiración en las crónicas de ayer y de hoy por haber participado en aventuras  históricas singulares como al científica de Humboldt y Bonpland por el Orinoco hasta Río Negro y, la más reciente, cumplida a bordo del “Niculina”, peñero margariteño, hasta Río de la Plata, ida y vuelta, para demostrar la navegabilidad por los  países del Hinterland.
            Son ellos, Carlos del Pino, a quien Humboldt embarcó en “El Pizarro” cuando este fondeo incidentalmente frente a la isla de Coche, y Antonio Coello Fernández, patrón del “Niculina” a bordo del cual Constantino Geroguescu Pipera y el camarógrafo Mark Mikolas, expedicionaron a través de los ríos de la Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil, Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela.
Carlos del Pino murió al regreso de la expedición humboldiana de 16 meses, en Angostura, a causa de  la malaria, mientras que el primo Antonio Coello Fernández, continúa navegando entre Coche y Porlamar contando a cada amigo y paisano su proeza de mar y río que le ha valido un lugarcito en la historia de la navegación por los países del Orinoco, el Amazonas y el Plata.

viernes, 12 de abril de 2013

Los tres Barrabás


             Los tres Barrabás más recientes en la memoria del venezolano seguramente que son el judío que así de verás se llamaba y que según las escrituras sagradas fue preferido por una multitud en lugar de Jesús para que Poncio Pilato le concediera la libertad en la fiesta de Pascua; Rafael Serrano Toro, a quien la cárcel milagrosamente regeneró e hizo miembro de la narrativa después de haber sido delincuente, y Jaime Teófilo Hudson, cuyo único “delito” fue extraer de los aluviones del Icabarú una piedra preciosa de 155 quilates, la más grande hasta ahora dada por Guayana, pero también la de peor suerte pues la Casa Harry Winston de Nueva York la fraccionó para mejor negocio.
            Pero por este hallazgo precioso y muy digno de un minero guayanés, Jaime Teófilo Hudson jamás estuvo preso, lo que no quiere decir que no la haya estado.  Lo estuvo  en Tumeremo por piropear la mujer de un guardia nacional y una poblada, qué coincidencia, pidió también su libertad y es que el negro calloense, no por llevar el nombre de Jaime ni el apodo de Barrabás es querido en la Guayana de las leyendas insondables sino porque realmente él simboliza la imagen y destino minero tradicional, del que nada tiene y llega de súbito a tener mucho y al final se rinde a la pobreza.
            El Barrabás guayanés del hallazgo del diamante que después de fraccionado y tallado fue vendido por más de 5 millones de dólares, murió pobre y sin sueños.  Sólo  vivencias fantasmales como las que poblaron el alma literaria de ese otro Barrabás llamado Rafael Serrano Toro.

jueves, 11 de abril de 2013

El bachiller o pescado de San Pedro


El instituto Oceanográfico del núcleo Sucre de la Universidad de Oriente pensó que sería beneficioso para campesinos de las costas del Manzanare adentro ponerles a tiro de pesca una vianda rica en fósforo y proteínas, cultivada en los meandros del río más grande que tienen los sucrenses y tenía que ser un pez prolífico y de rápido crecimiento en aquel hábitat tan escasamente animado por especies autóctonas.  De manera que puesta en marcha la idea, a uno de los expertos biólogos del instituto se le ocurrió que la Tilapia africana vendría bien para aquellas aguas que  bajaban del Turimiquire y se importó un buen cardumen de pececillos para las primeras siembras, pero ocurrió que con el tiempo de la lluvia los cultivos desaparecieron y por extinguidos se daban hasta que la investigación científica los puso al descubierto en otras aguas muy al sur y fuera de los límites del estado.  La Tilapia, de rasgos comunes al exquisito Pavón de las lagunas del Caura, había remontado los cursos fluviales que llegan hasta Monagas donde se daban su agosto pescándolos con señuelos rápidos los agricultores y como hasta allí debieron llegar en sus pesquisas profesores y estudiantes del instituto deseosos de estudiar el fenómeno, los campesinos entre bromas y chanzas acordaron adoptar la especie africana con el nombre de “El Bachiller”.  “Voy a pescarme un bachiller” se oye decir por allá cerca del Amaná, Guarapicje y el Guanipa.  En Israel lo llaman “El pescado de San Pedro”, porque era el que pescaba el apóstol,

miércoles, 10 de abril de 2013

El asado de mono en la fiesta de la juvia



            Los indios del Alto Orinoco realizan una fiesta parecida a la de la vendimia europea.  Tal es la fiesta de la recolección del fruto de la juvia, un árbol silvestre de la región del Padano semejante al castaño y que ellos utilizan como parte de su alimentación.
            Por cierta época del año los indios cubren una larga jornada de varios días en busca de la juvia y a su regreso todo está preparado para el jolgorio.  Danzas, monos asados y bebidas fermentadas alegran el retorno y la cosecha.
            La juvia, también llamada almendrón o castaña brasileña, llega a medir hasta 40 metros de altura y noventa centímetros de diámetros.  Los frutos, pesados y tan grandes  como la testa de un recién nacido, contienen de doce a veinte nueces y están siempre listos para gotear a fines de mayo.
            Fuente importante de grasa y proteínas, además de algunas vitaminas como la A, es la nuez del fruto de la juvia y por eso los indios, antes de que llegue la lluvia, lo buscan donde esté y lo cargan en cestones como nidos de oropéndolas sobre la espalda limpia.
            Cuando la caravana llega, casi no hay tiempo para el reposo.  Suenan los instrumentos, las bebidas fermentadas comienzan a surtir su efecto y los indios tomados de las manos  hacen un círculo y entonces danzan girando alternadamente a la izquierda y a la derecha.  En la danza no participan las mujeres y su tarea durante la fiesta se limita a servirles el asado de mono y las bebidas mientras los sonidos agudos y melancólicos de las cañas invaden el ambiente.

martes, 9 de abril de 2013

La bulla espantó a los pájaros


             La bulla de los monos y guacamayas ha quedado desplazada en la selva guayanesa por los mineros cuya algarada de febril pedrería dispara hacía  las copas espantando la sonora tranquilidad de los pájaros.  Otra bulla comenzó a bullir en la selva ahora maltratada por la ambición dorada.  Donde hay bulla hay mineros, donde hay minero hay diamante y más bulla hay a medida que como río crecido va arrastrando todo cuanto la bulla abarca en la selva como el crocitar de aves y el bufidos de animales.  Son tantas mujeres como hombres, muchos hombres y mujeres tantas como hombres con la piel solana que van como ciegos cimbrados bajo el peso del guayare, atropellando la oscura humedad de la jungla.  Llevan los ojos ansiosos por una sed que parece no apagarse nunca.  Van a lo que después se vuelve bulla, bullicio, algarabía interminable que nadie sabe donde comienza y dónde habrá de terminar.  Sólo se sabe que lo que será en aquel lugar o en otro más allá del río y la quebrada, allá en el  bosque umbrío y sombrío, lleno de maraña o selva intrincada,  será después tierra arrasada, acribillada y deshecha, fuerza muscular hundida como barrena en la entraña de aluvión y greda que buscaba alrededor de las cribas yuxtapuestas la diminuta y centellante luz de una quimberlita apagada por los siglos.

lunes, 8 de abril de 2013

El día en que en Ciudad Bolívar se agotó la seda


Seda vs. Rayo

            El día en que se agotó la seda todo el mundo andaba asustado ante el temor de que fuese cierto lo pronosticado pro el doctor Perfetti.  Sobre la ciudad se desataría una enorme tempestad seguida de aquel calor febril y acre que sofocaba al habitante.  Lo inaceptable para muchos era que todo un científico como el doctor Perfetti recomendara para protegerse de los rayos, anudarse un trapito de seda en los dedos gordos de los pies y las manos además de uno en el cuello a manera de collar.  Para los incrédulos era algo casi rayano en lo ridículo; sin embargo, muchos aceptaron porque aparte de resguardarse bien en una casa con pararrayos, no había al parecer otra alternativa.  La advertencia indicaba que la seda debía ser la purita que teje el gusado devorador de la morera pues había de otra clase fabricada con filamentos de celulosa que en ambiente electrizado podría trabajar al revés, pero por lo que se comentó luego la gente atemorizada no reparó en el detalle y agotó el stock que de ambas clases tenían las tiendas.  Miles de rayos cayeron sobre la Angostura del Orinoco y nunca ante Dios y los santos vinculados al rayo y a la lluvia como San Isidro Labrador, recibieron mayor número de plegarias.  La empresa del alumbrado eléctrico en prevención cortó el fluido hasta tanto pasara la tempestad.  La ciudad quedó bajo una oscuridad tan sólo interrumpida pro el vivísimo resplandor de los fucilazos.  Al día siguiente no se hablaba de otra cosa que del vaticinio Perfetti y los resultados milagrosos de la seda toda vez que nada se supo de persona alguna que hubiese sido fulminada por un rayo.  Solo el Arzobispo Mata Cova se lamentaba de no haberle colocado un lacito de seda a la torre de la Catedral pues una centella había caído y dañado los relojes importados de Hamburgo el siglo pasado.


domingo, 7 de abril de 2013

Los gigantes de Curazao y los Ewaipanomas de Guayana



            Américo Vespucci escribió haber visto gigantes en la isla de Curazao.  Mujeres como Pentesilea y hombres como Antelo, “de tanta estatura que cualquiera de ellos era tan alto de rodillas como uno a pie”.  Un patagón habría resultado de la talla común de un liceista ante aquellos descomunales seres que espantaron al navegante florentino y a sus acompañantes en intento de capturar quinceañeras caquetías en la antillana isla para llevarlas de muestra al Rey.  Walter Raleigh venido después, no como conquistador sino como pirata, también dijo haber visto en Guayana eres fenomenales, sólo que no eran gigantes sino hombres sin cabeza, con  la cara en el pecho y el cabello en los hombros que habitaban en los ríos Aro y Caura.  Tales eran los “ewaipanomas” que asombraron al mundo; pero no habría sido más que el producto de alucinaciones propias de quienes afiebrados por las aventuras penetraban mundos ignotos y desconocidos, o tal vez fabulaciones intencionadas para llamar la atención de los europeos, aunque bien algunos seguidores de Erich Von Daniken podrían asegurar hoy que no trataba de una cosa ni de otra sino de seres reales venidos de otros planetas.  Lo cierto es que después de entonces nadie más por esos lares ha visto almas tan extrañas.   Los habitantes de Curazao no acusan ascendientes herculeanos o como los vistos por Gulliver en Brobdingnad, altos como una torre, que acrediten lo dicho por Vespucci; y en los territorios del Aro y Caura los único sobrevivientes desde tiempo inmemorial no han sido que otros que los e’ñapa o panare, tan normales físicamente como el resto de los americanos.

sábado, 6 de abril de 2013

La escopeta acabó con el Curare


            Los indios Yanomami, en sus dominios de los altos del Caura y Cuchivero parecen ser los únicos que se resisten en dejar el Curare para asegurar el éxito de su caza, pues de cierto se sabe que en otras comarcas tribales ha desaparecido casi por completo la práctica ancestral de emponzoñar las armas de caza y guerra con esta sustancia resinosa, oscura, amarga y de efectos fulminantes.
            El indio ha descubierto en la escopeta un sustituto más expedito aunque explosivo, pero cuya novedad parece incapacitarlo para ver más allá ciertas consecuencias que bien pudieran determinar antropólogos y ecólogos.
            Por supuesto que la escopeta es más costosa y ahora, con la devaluación, debe serlo mucho más, pero esto parece no detener al indio entusiasmado pero un arma que para manejarla no se requiere mucha pericia, que no es tan aparatosa como el arco y la flecha, además de la ventaja de que un solo disparo puede, por el desparrame de perdigones, deparar muchas presas.  De manera pues que se ha ido quedando con ella y dejando a un lado la que durante centenares de años le ha servido de apoyo para su seguridad personal y de ayuda para el logro de la subsistencia.
            Queda claro que con el arco y la flecha desaparece también la labor industriosa del Curare sostenida por quienes dentro de la tribu saben dónde encontrar el bejuco de Mavacure y como obtener el veneno de la corteza y el sámago y luego combinarlo con el ciracaguero para que dé los resultados que se buscan.
            La vigencia del curare estaría en la medicina que ha venido empleándolo con éxito en la anestesia general y para tratar los espasmos musculares en los enfermos de tétano, pero en la actualidad están apareciendo otras sustancias más efectivas y menos costosas que en definitiva terminarán por dejar en paz al Mavacure del sur orinoqueño.

viernes, 5 de abril de 2013

Cachimbo, el portero más cotizado


             Todos saben que está muerto, que murió hace unos cuantos años no se sabe cómo y dónde.  Sólo se sintió su ausencia cuando en las porterías de los espectáculos, los mozalbetes tuvieron éxito con sus cuentos y argucias para burlar al taquillero y al portero colándose sin sacar del bolsillo ni siquiera la cédula.
            Para el común, Cachimbo nunca tuvo nombre de pila (Ramón Guillén) y se duda si el remoquete se lo endilgaron por la forma de su figura o si porque los humos de su oficio tan estricto y severamente cumplido se le habían ido a la cabeza.  Si estuviéramos en Perú quizás habría tenido mayor justificación porque Cachimbo le dicen allá a los gendarmes y el Cachimbo angostureño era todo un guardián montado en la puerta.  Lo cierto fue que “Cachimbo” se quedó para institucionalizar la portería como oficio que no admitía más entrada sino aquella que tuviese como contrapartida el valor realmente estipulado para poder disfrutar el espectáculo de cine, circo, teatro, boxeo, béisbol, hipismo o fiesta bailable, pues en todos parecía estar Cachimbo ya que para desolación de los pícaros juveniles, los empresarios del espectáculo se lo disputaban con ofertas remunerativas que hacían de Cachimbo el portero mejor cotizado de Venezuela.  Cachimbo era garantía absoluta de un balance real entre lo que entraba por taquilla y pasaba por la puerta.  No había porque preocuparse si el espectáculo era gratuito o de otra condición, solo entraba quien debía, como le ocurrió a Carvajal cuando llegó al estadio a la lección de gimnasia escolar, que tuvo que quitarse pantalón y camisa en la puerta para que Cachimbo se convenciera de que el short y la camiseta deportivas que llevaba correspondían a la escuela de turno.

jueves, 4 de abril de 2013

Tiempo bueno y tiempo malo



 Todos y para todos deseamos buen tiempo, y cuando el tiempo es malo, lo aconsejable es no destemplar el rostro porque entonces el tiempo se lo come a uno.  De allí tal vez el adagio común y preventivo de “al mal tiempo buena cara”.
            Afortunadamente en este “eterno país de verano” como lo llamó Wulliam Eleroy Curtis, el tiempo malo es temporero y quienes, en todo caso más lo sufren son  los navegantes de mar y cielo que para “torearlo” aumentaron y multiplicaron las aplicaciones del giróscopo de pasadas embarcaciones y establecieron además las radioayudas, faros y otros horizontes referenciales.
            Los campesinos, menos sofisticados y alejados de las invenciones, métodos modernos y de la información  de observatorios y estaciones meteorológicas, no tienen muchos problemas para saber cuándo habrá mal tiempo partiendo de que siempre el tiempo es bueno en este lado del mundo.  Por la regla ancestral que han impuesto la observación y el contacto diario con la madre naturaleza, ellos saben que mientras por las noches canten las tucumurrucas, los aguaitacaminos y los grillos, habrá buen tiempo y que lo contrario sería si los bachacos, como en noche nupcial, se ven muy activos desnudando a los árboles y las josefinas sin temor ofreciendo sus flores lo mismo que los guamaches.  Entonces es seguro que el tiempo será malo porque también las chicharras al igual que un payador, se verán cantando continuamente de día y de noche mientras un halo amarillusco se empeña en hacer más atractiva a la diosa selenita de la tierra.

miércoles, 3 de abril de 2013

El Picure del genio tenebroso de Río Negro


 El Picure es roedor un poco parecido a la lapa.  Hocico largo, arisco, en manada casi siempre atravesando los caños del Caura y otros ríos de Guayana.  Nada tiene de sanguinario este mamífero tan cotizado por el tigre.  Sin embargo, “Picure” le decían a uno de los guardaespaldas del funesto Tomás Funes, quien durante ocho años explotó las riquezas forestales del Amazonas a sangre y fuego y a un costo humano alto, tal vez situado en unas 400 víctimas.  “Picure” junto con otro apodado “Avispa” era el encargado de espiar y eliminar a los enemigos en una trilla llamada “la trocha de la muerte” que comunicaba a San Fernando de Atabapo con el Alto Orinoco.
            El remoquete de “Picure” a este guardaespaldas o espaldero de Funes quizás no sea por lo cruel y sanguinario que era sino por lo trompudo y husmeador que había sido el nefasto personaje.  De todas maneras, lo curioso del caso es que después que el general Arévalo Cedeño libera al Amazonas tras una operación sigilosa y sorpresiva desde las llanuras de Casanare, enero de 1921, el temible “Picure” se las ingenia para burlar a sus captores y logra escaparse sin que pudiese nunca darse con su paradero para que pagara sus crímenes.  Desde entonces un nuevo verbo reflexivo, sinónimo de fugarse habilidosamente, entró a formar parte de la terminología criollas “Picurearse”.

martes, 2 de abril de 2013

El dragón de los raudales del Orinoco


            Quien haya ido a la escuela difícilmente ignore la existencia de Atures, un raudal inmenso en el que seguramente pudo inspirarse la figura del periódico ofrecida como torrente que crece con la resistencia.  La zona abrupta y pedregosa de Atures atravesada en río como un dique consigue aumentar la fuerza del Orinoco en forma tal que el resultado es una explosión de violencia que achica y enmudece al más valiente.  Mapara o Adules le dicen los indios Maypure y los misioneros lo configuran con el mitológico y terrible Dragón, protagonista de numerosas leyendas y películas en las que siempre resulta vencido, especialmente si quien suele enfrentarlo ostenta los poderes milagrosos de San Jorge, San Miguel o Santa Marta.  Los expedicionarios que desde la época de la conquista hasta noviembre de 1951 se afanaron en buscar  las fuentes u origen del Río Padre, se encogían de temor ante ese innavegable obstáculo de los Raudales de Atures y Maypure.  José Solano, comisionado de límites, remontando el Orinoco en 1756 casi es convencido por los sacerdotes jesuitas para que desistiese de la temeridad de pasar los raudales, por lo menos, en sus barcos.  Pero el expedicionario  fingió un día ir a pescar y sin que misioneros e indígenas se percataran realizó la proeza de atravesar los raudales y dicen las crónicas de la época que el Padre Superior de los jesuitas, al conocer la noticia, dijo a Solano:  “Me alegro que haya usted sujetado al Dragón mientras estaba dormido que al despertar con las crecientes ha de bramar por hallarse burlado”.

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